¿Qué son las vacunas para ti?

Paola Castillo Guzmán ha resultado ganadora en el concurso de redacción “¿Qué son las vacunas para ti?”, convocado por la Consejería de Educación y Empleo y patrocinado por Sanofi-Pasteur MSD,  donde los escolares debían acercarse al mundo de las vacunas y mostrar a través de sus escritos las ventajas que supone su utilización y empleo. Muchas felicidades para la brillante vencedora, para sus profes y para toda la familia.

 RUBIOLINA Y SUS AMIGAS

Laboratoriolandia era una ciudad donde siempre hacia frío, ya fuera verano o invierno, la ciudad era un verdadero congelador, era la ciudad de las vacunas, aunque solo podían vivir allí cuando eran pequeñas porque cuando una vacuna se hacía mayor tenía que irse y dejar la fría ciudad para viajar al cálido mundo de los niños, aunque eso era algo que la pequeña Rubiolina y sus amigas, que acababan de llegar a esta fría ciudad, no entendían.

En Laboratoriolandia no había colegios, por eso Braulio se encargaba de cuidar y dar clases a las pequeñas vacunas.

Braulio no era una vacuna, él era un viejo científico que tenía muchas arrugas y el pelo blanco como la nieve. Él decidía cuando una vacuna estaba preparada para ir al mundo de los niños.

Las pequeñas vacunas querían mucho a Braulio, era un padre para todas ellas, todos los días empezaban sus clases a las 8.00 de la mañana en punto.

Rubiolina y sus amigas no sabían qué era eso que Braulio llamaba “niños”, así que en su primer día de clase se lo preguntaron.

– Verás Rubiolina… – empezó su explicación Braulio- Los niños tienen diferentes tamaños, pesos y colores pero todos ellos necesitan sobre todas las cosas jugar y reír.

Los niños están en cualquier lugar… seguramente estén corriendo o saltando. Los podemos ver por todas partes, cuando llega la tarde van al parque, a ellos les gustan los helados, los caramelos y el chocolate pero lo mejor para ellos es estar siempre con otros niños. Cuando hace frio hay veces que no se abrigan para salir a la calle y muchas veces tienen la cara o las manos sucias, pero eso a ellos no les importa.

Los niños son inocentes, imaginativos, adorables y entrañables, los mayores los miman y prestan mucha atención. Las mamás y los papás los quieren muchísimo porque ellos son la alegría de sus vidas.

Rubiolina se quedó pensando que ser un niño era lo más divertido que jamás había imaginado y estaba deseando poder estar preparada para abandonar la fría Laboratoriolandia para ir al cálido mundo de los niños.

– ¡Ser niño es muy divertido, estoy deseando ir a su mundo!- contestó Rubiolina llena de emoción.

– Tranquila Rubiolina, es tu primer día de clase… aún te queda mucho por aprender- le tranquilizó Braulio con una sonrisa en su cara.

Braulio siguió con aquella primera clase que estaba emocionando tanto a Rubiolina y sus amigas. Les esperaba un curso muy largo en aquella fría ciudad.

En una de aquellas clases Braulio explicó a las pequeñas vacunas que a los niños lo que más miedo les da es estar enfermos, porque cuando eso ocurría los niños dejaban de jugar, se encontraban mal, no se reían porque estaban muy tristes, se quedaban todo el día y toda la noche en la cama, no podían salir a la calle ni al parque, no podían comer helados, ni caramelos, ni chocolate, y lo peor de todo para ellos era que no podían estar con otros niños.

Rubiolina pensó que estar enfermo era lo más triste que jamás había imaginado.

– Ya no es tan divertido ser un niño, creo que es mejor quedarse en Laboratoriolandia, ya no quiero ir al mundo de los niños.- dijo muy triste Rubiolina.-

– ¡Nosotras tampoco queremos ir!- protestaron muy enfadadas las trillizas-

– Yo menos que ninguna, antes que eso, prefiero el frío de esta ciudad.- las acompañó en la protesta Vari-.

Un sonoro murmullo de protesta del resto de las pequeñas vacunas siguió a Vari.

– ¡Calmaros por favor!- pidió Braulio- dejarme que os explique… es muy importante…vosotras tenéis que ir al mundo de los niños… porque solo vosotras podéis evitar que ellos estén enfermos.

Esa es vuestra verdadera misión en el mundo de los niños, pequeñas, tenéis que preparar a todos los niños para que puedan defenderse de muchas enfermedades.

Rubiolina, Vari, las trillizas y el resto de las pequeñas vacunas se quedaron en silencio…ahora comprendían por qué cuando estuvieran preparadas debían abandonar Laboratoriolandia, ellas tenían que conseguir que los niños nunca pararan de jugar y de reír. Cuando llegaran al mundo de los niños conseguirían que nunca estuvieran enfermos, cada una de ellas prepararía a los niños para defenderse de enfermedades muy distintas.

Ahora todas ellas entendían muchas cosas, era necesario que se prepararan muy bien, ahora tenían una misión que cumplir.

Un buen día, a las 8.00 de la mañana en punto, Braulio pidió silencio en la clase.

– Pequeñas, hoy tengo que daros dos noticias muy importantes- dijo Braulio- la primera es que ya estamos a mitad de curso, cada día que pasa estáis mas preparadas para ir al mundo de los niños, estoy muy orgulloso de todas mis pequeñas. Y la segunda noticia es que hoy llegan a Laboratoriolandia unas vacunas especiales que se quedarán en esta fría ciudad hasta el final del curso.

-¿Por qué son especiales?-preguntó Rubiolina

-Verás Rubiolina…- contestó Braulio- existen unos niños especiales de los que nunca os he hablado y creo que hoy es un buen día para hacerlo.

Estos niños no tienen una vida fácil, pequeñas, ellos viven en países muy pobres y hay días que no tienen nada que comer. En los países en los que viven hay muchísimas enfermedades, muchas más de las que podáis imaginar, por eso tenemos que proteger a estos niños de todas esas enfermedades y es por eso que hoy llegan a Laboratoriolandia estas vacunas especiales, o como a mí me gusta llamarlas, “las vacunas viajeras”.

Rubiolina pensó que esas vacunas debían de ser muchas y muy fuertes porque les esperaba una misión muy difícil en el mundo de los niños y un largo viaje por delante.

Y así fue como conocieron a las “vacunas viajeras”, ya estaban todas y todas juntas siguieron preparándose y estudiando mucho el resto del curso.

Un buen día se abrieron las puertas de la ciudad, entró una brisa cálida y se pudo ver el sol por primera vez en Laboratoriolandia, Braulio fue llamando una por una a todas las pequeñas vacunas, el gran día había llegado.

Rubiolina, Vari, las trillizas, las vacunas viajeras… todas ellas llegarían al mundo de los niños, ese día sabían muy bien cual era su misión allí y estaban deseando poder conocer al niño al que iban a proteger de las enfermedades.

Braulio se encargó de todas ellas y cada una fue a un sitio diferente.

Rubiolina llegó a la consulta de un doctor y allí conoció a un niño rubio de 3 años que la estaba esperando. Vari llegó a un hospital y conoció a una niña con coletas y con chupete, solo tenía un añito, y también le estaba esperando. Las trillizas llegaron a la consulta de una doctora y conocieron a un niño muy pequeño, descansando en los brazos de su mamá. Las vacunas viajeras subieron a un avión para ir a un país muy lejano donde miles de niños las esperaban.

Y así todas las vacunas llegaron al mundo de los niños, con la ayuda de los doctores pudieron entrar en ese cálido mundo, salvando a los niños de todas las enfermedades.

Las pequeñas vacunas vivieron para siempre en el mundo de los niños y consiguieron que nunca pararan las risas ni los juegos y que ningún niño estuviera enfermo.

Mientras, a la fría Laboratoriolandia, llegaron nuevas pequeñas vacunas que no entendían por qué un día viajarían al mundo de los niños. Les esperaba un curso entero por delante y muchas cosas por aprender todavía.

Paola Castillo Guzmán – 5ºA C.P. Rosalía de Castro, Coslada.  Profesor/Tutor: Jesús Cidón Martínez

(Puedes verlo en PDF pinchando aquí)

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    • Inma Rubio Arnás
    • 30/04/12

    ¡Fantástico, Paola! Enhorabuena, me ha gustado muchísimo la historia, esta noche la leeré con mis hijos a los que seguro les encantará. Deberían publicártela en un pequeño cuento.
    Bss.
    Inma (mamá del CEIP Séneca)

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