¿Ayudar a los demás genera felicidad?

Siempre he creído en las personas que teorizan desde el ejemplo, desde la experiencia, y casi siempre he desconfiado de quienes dicen lo que hay que hacer sin haberlo probado antes. Quizá sea este el motivo que explica porqué me gusta tanto la literatura histórica y los relatos de aventuras basados en hechos reales.

En este caso, voy a acudir al relato de alguien que se dedica profesionalmente a ayudar a los demás. Tan solo nos servirá para entender un camino, el suyo, pero creo que puede resultarnos útil para dar un poco de luz a nuestro dilema: ¿Ayudar a los demás genera felicidad?. Lo escogí por varios motivos, pero los que hicieron que finalmente me decantase por Mª Teresa, fueron la relevancia que da a la fuerza motivadora de los retos y la importancia que tiene la infancia en el devenir de las personas.

‘Soy de Menorca. Cuando era pequeña, iba a nadar con mi padre y mis hermanas a una playa preciosa que tiene un pequeño islote cerca de la arena. Me gustaba alcanzar el islote los días de oleaje, mientras oía las voces de mi padre: “No nades a contracorriente”. Mi satisfacción era mayúscula cuando llegaba al islote y levantaba los brazos en señal de victoria.

Nadar a contracorriente es un reto permanente. Para mí significa colocar la justicia/equidad y la solidaridad en el centro de mi vida. El mundo en el que vivimos presenta realidades escandalosas y diferencias cada vez mayores. Hablamos de países del Norte y del Sur; países desarrollados y países en desarrollo, países ricos y países pobres. Hablamos del primer mundo y del tercer mundo.

Todas esas contraposiciones son el resultado de procesos muy largos que han generado enormes diferencias entre unos países y otros. Para mí, nadar a contracorriente hoy, es fomentar el sentido de la justicia y transmitirlo al grupo social en el que nos movamos.

Nadar a contracorriente es denunciar que mientras el 60% de la población mundial puede entrar en el mercado mundial del consumo, el resto se encuentra excluido, incluso de los derechos humanos más elementales como el derecho a la alimentación, el derecho a la salud y a la educación. Nadar contracorriente es hacer sentir a los ciudadanos la realidad del otro, dejarse afectar por ella, conocerla y reconocerla, actuar e intervenir. Tengo un reto, otro mundo es posible.’

La unión hace la fuerza, y de momento, ya hay más de 3 millones de personas dispuestas a cambiar el mundo. En España existen más de 3 millones de personas que colaboran regularmente con una ONG, y aportan más de 500 millones de euros al año. Aunque esta cifra sólo representa un 8% de la población, es un grupo muy importante para las organizaciones ya que con su aportación,  por pequeña que sea, posibilitan la atención a millones de personas en España y en países menos desarrollados.

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  1. 8/06/12

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