Zapping

Vivimos en una sociedad competitiva, violenta, acelerada y loca. Casi siempre vamos con prisa, y aunque no todo es negativo en ella, nadie puede negar que a veces es necesario hacer un gran esfuerzo para mantener la calma y vivir un poco tranquilos.

Si el esfuerzo es mayor que nuestra capacidad para soportarlo, es cuando perdemos la batalla al estrés y la ansiedad. Pero precisamente para evitarlo escribo este post. Estamos a punto de empezar otra carrera más, un nuevo curso académico, y por lo tanto es ahora cuando debemos ponernos las pilas para soportar lo que se nos viene encima. Es el momento de hacer la pretemporada, y para ello, en primer lugar, deberemos identificar el peligro y el origen de los males que pretendemos evitar.

 

Ser conscientes de la realidad en que vivimos nos hace más libres y nos prepara para afrontar los problemas que se nos presentarán más adelante, ya que sólo son grandes problemas los que nos cogen por sorpresa.

¿Qué tienen en común la sociedad de consumo, el aumento de la violencia, el aumento de la obesidad, de la ansiedad, la fragilidad de las relaciones afectivas, la creciente manifestación de comportamientos impulsivos, el éxito de los centros comerciales, el aumento de las adicciones, el desmesurado interés por las modas y la falta de atención de los alumnos en la escuela?

Respuesta: el sistema bajo el que funciona la sociedad.

Nuestra sociedad no está desarrollada para satisfacer las necesidades de las personas individuales. Tan solo tiene un objetivo, crecer. Imaginemos a muchas personas, aplastadas las unas contra las otras, que sin darse cuenta forman un monstruo muy grande. Unos estarán en el pie, otros en el brazo, algunos en la cabeza, pero todos formando parte de algo mucho más grande que ellos, algo que no pueden controlar y que tan solo tiene un objetivo, hacerse más grande todavía.

Esas ansias de crecer se traducen en un exceso de producción, que convierte en necesario despertar los deseos, provocar una bulimia y una glotonería consumista. Y para este fin está la publicidad. La hipertrofia del mercado provoca insatisfacción, porque produce necesidades y apetencias que sólo son efímeramente satisfechas. El monstruo es insaciable y siempre quiere más.  Además, tiene que dar la impresión de que todo el mundo tiene derecho a disfrutar de ese producto, ya estés colocado en un pie o en la cabeza, lo que produce una frustración continua. Mercado, publicidad, ansiedad, depresión y violencia parecen independientes, pero en realidad forman algunas de las cumbres del mismo sistema montañoso, nuestra sociedad.

La moda de los deseos efímeros, intensos, urgentes y desechables ha contagiado nuestro mundo afectivo, que se ha fragilizado llamando a la puerta de los placeres más básicos. La moda, con su atractivo imperioso y efímero, se ha convertido en arquetipo vital. Nada proporciona un gran placer, y la única solución es encadenar múltiples y veloces placeres, plenamente sustituibles. Las parejas se separan, en muchas ocasiones no porque estén en crisis, sino porque sienten que sería insoportable una vida sin nuevas experiencias.

La exaltación del placer rápido permite situar las dos últimas piezas de la adivinanza: el aumento de las adicciones y la falta de atención de los alumnos en las aulas. La proliferación de los deseos crea personalidades caprichosas y adictivas que soportan muy mal el aplazamiento de la satisfacción y la frustración. El mercado opulento es adictivo, restringe la libertad aunque al hacer posible la elección entre numerosos productos enmascara dicha decisión haciéndola parecer libre. Poco a poco cada persona se convierte en un conjunto de ‘máquinas deseantes’ que actúan sin ningún tipo de control.

La falta de atención de los alumnos, por poner un ejemplo, no es más que una extensión de la conciencia del espectador televisivo que necesita disfrutar del zapping. Siempre fue un error culpar a un niño de sus hábitos, igual que ahora es un error culparles de su falta de interés, concentración y atención. Estas conductas son la consecuencia de nuestra participación en el monstruo. Pero el peligro mayor no es ese, sino no ser conscientes de ello y no poder por consiguiente hacer nada para apaciguar sus consecuencias.

Así pues, debemos esforzarnos en luchar contra esta lacra promoviendo la vitalidad en las personas. Es muy importante mantenernos activos, y para ello deberemos cuidar varios aspectos, especialmente en los más pequeños. ‘No debemos pensar sólo en el mundo que dejamos a nuestros niños, sino en los niños que dejamos a nuestro mundo.’ (Jorge Semprún)

En primer lugar, su estado físico, a través del ejercicio y la alimentación. En segundo lugar, debemos enseñarles a confiar en sí mismos, transmitiéndoles seguridad e incentivándoles a tomar decisiones sin miedo a equivocarse. En tercer lugar debemos transmitirles optimismo, explicándoles que les esperan muchas oportunidades en el mundo a pesar de la crisis y las guerras, y que para ello deben ser constantes. En cuarto lugar, enseñarles a ser capaces de resolver problemas, facilitándoles las herramientas que más tarde utilizarán sin nuestra ayuda. Y por último la sociabilidad, no olvidemos que somos solo uno entre los muchos que formamos el gran monstruo del consumo, que como todo monstruo, también tiene su cara buena.

Para leer más sobre este tema, La educación del talento (J.A. Marina).

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