Sostiene Flórez

Sostiene Flórez que los humanos funcionamos como un péndulo. Avanzamos a toda velocidad hasta detenernos en el punto más alto, en la postura más extrema. En cambio, por el centro pasamos a toda velocidad, ya que tanto el odio como el amor dominan a la razón.

‘Mi mamá dice que si me pegan puedo pegar de vuelta. También dice que quiere hablar con la profesora, y que si no se arregla todo pronto, tendrá que tomar medidas…’ (Hijo/a de mamá sobreprotectora).

Si esa profesora fuera yo, sostiene Flórez, y pretendiese seguir siéndolo durante un tiempo, intentaría llevarlo con buen humor. Me imaginaría a la mamá disfrazada de sepulturera en el Lejano Oeste, mientras me toma las medidas para el ataúd. Y justo después, el inspector de educación y yo nos batiríamos en un duelo a muerte…

En los centros educativos de los países ricos se ha colado e instalado la violencia, sostiene Flórez. Todos sabemos que hace años algunos profesores pegaban a los niños en las escuelas. Lo curioso es que se justificaba diciendo que era lo normal, y tanto las instituciones educativas como las familias lo consentían. Pues bien, ahora lo habitual es justamente lo contrario, que algunos niños abusen de los profesores y que las instituciones educativas y las familias lo consientan, dejando a los docentes en una situación de total indefensión. Hay quien no quiere reconocerlo, pero la triste realidad es que está ocurriendo, sostiene Flórez.

Justamente acabo de volver de un viaje a Israel con unas amigas, y aunque no lo hemos escogido, ha resultado ser la semana más violenta de los últimos años, sostiene Flórez. No pudimos visitar Hebrón, pero tuvimos la ‘experiencia’ de escuchar las sirenas avisando a la población israelí del lanzamiento de cohetes palestinos. Hasta en tres ocasiones tuvimos que refugiarnos durante unos minutos en los búnkeres de las grandes ciudades. Al principio me desconcertó, sostiene Flórez, pero terminé dándome cuenta de que las heridas de esta guerra se abren en el lado palestino. En Israel, la vida fluía con tranquilidad, e instantáneamente después de sonar las sirenas todos volvíamos a la calle. Los niños continuaban el paseo con sus padres y las terrazas de las heladerías volvían a llenarse, sostiene Flórez.

Investigando sobre esta triste realidad, me interesé, sostiene Flórez, por los testimonios de los soldados israelíes que han servido en los Territorios Palestinos, y he rescatado dos de ellos. En el primero un sargento relata la impunidad con la que actúan los niños israelíes en Hebrón. Explica cómo una niña ejerce violencia gratuita hacia otra, comportamiento alentado y apoyado por su familia. Un empleado público lo atestigua, pero le resulta imposible hacer algo al respecto.

Mi principal dificultad en Hebrón era la comunidad judía. Tenía la sensación de estar protegiendo a los árabes de los judíos, y ninguno de los dos sentía ninguna simpatía por nosotros. Los judíos hacían lo que querían y a nadie le importaba. Yo estaba en el medio. Un día que estaba en una guardia escuché por la radio solicitar ayuda médica. Fui corriendo, y me encontré a una niña palestina de seis años de edad con una brecha enorme en la cabeza. Otra niña israelí, que nos visitaba a menudo en el puesto militar, decidió que no le gustaba que los palestinos caminasen cerca de su casa, así que cogió un ladrillo y se lo lanzó a la otra en la cabeza. Los niños hacen lo que quieren allí. A nadie le importa. De hecho, sus padres la felicitaron por ello. Los padres son los que animan a sus hijos a comportarse de esta manera. He visto muchos casos de niños israelíes de 11-12 años, que pegan palizas a los palestinos. Sus padres, al verlos, les ayudan e incluso les lanzan los perros para que les muerdan.

En el segundo caso, un soldado israelí destinado a Nablús relata cómo dispararon a un niño palestino en las piernas. Un ejemplo de un brutal abuso de autoridad en defensa de “la verdad”. Otros métodos no violentos demuestran ser eficaces, pero son descartados ya que la impunidad, de nuevo, campa a sus anchas.

Cuando se ‘quebranta la paz’, el comandante de cualquier unidad está autorizado a pedir permiso al comandante de batallón para disparar al cabecilla rebelde en la pierna, aunque éste sea un niño tirando piedras… Ninguno es mayor de 16 años, 18 como mucho. Normalmente, los días que entrábamos en sus pueblos nadie iba al colegio. Nos convertíamos en la atracción del día. En una ocasión, pusimos música en un móvil y dejaron de tirarnos piedras. Empezaron a bailar, era música árabe. Lo recuerdo porque movían las manos al compás. Al terminar, volvieron a tirarnos piedras. Aquello fue revelador, en ese momento me di cuenta de lo absurdo de nuestra misión allí. ¡Eran niños!, yo habría hecho lo mismo en su lugar. Pero en una ocasión, el comandante de unidad decidió disparar a un niño en la pierna porque estaba liderando a los demás. Ni siquiera se bajó del jeep para hacerlo.

Sostiene Flórez que, por extraño que parezca, y a pesar de influir infinidad de factores, la explicación de la violencia es siempre la misma. Tanto en los centros educativos como en los Territorios Palestinos, un mismo principio prevalece.

– Los judíos fueron perseguidos en multitud de ocasiones a lo largo de la historia, incluso se les intentó exterminar en la época nazi. Pero ahora son ellos los que han tomado el poder y pretenden expulsar a otros seres humanos.

– Los niños fueron vejados en el pasado, incluso sexualmente, pero esas generaciones se han hecho mayores y ahora son ellos los que han tomado el poder y pretenden abusar de los profesores.

No es sencillo pronosticar el futuro con exactitud en el tiempo, pero sí su contenido, sostiene Flórez. El péndulo volverá a caer, y acelerará hasta alcanzar su velocidad máxima en el centro. En ese momento tendrá suficiente energía acumulada como para impulsarse hasta el otro extremo. Deberíamos pararlo, pero a veces es complicado ya que el péndulo es muy grande y pesado, sostiene Flórez. La solución, independientemente de su tamaño, consiste en detenerlo cuando va más lento, o sea, cuando está arriba. Pero solo ocurrirá si el que está arriba colabora, si el que tiene todo el poder decide perder ahora para no morir luego. El problema es que casi nadie renuncia a un presente poderoso pero violento, por un futuro ordinario y en paz, sostiene Flórez.

Querer mucho es malo, odiar mucho también.

¿Tú qué sostienes?

Para escribir este post me he inspirado en el libro ‘Sostiene Pereira’ de Antonio Tabucchi, pero Flórez es real. La mitad lo compone mi chica, viajera en Israel entre el 16 y 25 de noviembre de 2012, y la otra mitad soy yo, @elprofedice 😉

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  1. La violencia es siempre el recurso del necio o del que no tiene mas posibilidades. El arte de la violencia se llama guerra.

    Incluso la violencia tiene sus reglas, y nada peor que un cafre ejerviendo violencia inutil. En este momento el mundo esta gobernado por necios sin escrupulos, reflejo de la sociedad que les pone en el poder.

    Si furra palestino tiraria piedrss, si fuera israeli dispararia a niños… si fuera inteligente saldria de ahi pitando.

    Hoy dia viven mas palestinos fuera de su territorio que dentro…. lo mismo que los judios.

    • Bupitas
    • 30/11/12

    Si Flórez viajase hoy, 30 de Noviembre, a Palestina, visitaría un estado que ya es reconocido al menos como miembro observador, en la ONU. A pesar de contado con la llamativa oposición de Estados Unidos, casi el único mediador en el proceso de paz en los últimos años. Pero aún así, ¿de qué le servirá cuando la Asamblea de la ONU no tiene en realidad ningún poder ejecutivo?

    Si Flórez reclamase hoy capacidad para afrontar las belicosas reclamaciones de determinados padres le dirían que, por ejemplo en la Comunidad de Madrid los profesores son “autoridad” reconocida desde hace ya algunos años, pero ¿de qué sirve si la educación pública está tan sometida a la política que para lo único que sirve es para que ésta sacie padres de forma clientelista?

    Ojalá alguna vez intentásemos resolver los verdaderos problemas de fondo: la paz y la dignidad de los palestinos, o la educación de nuestros hijos.

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