La fábula del caballero y el campesino

Érase una vez un caballero que todos los días recorría el mismo camino. Algunas veces estaba tan embarrado que casi no podía avanzar, pero otras, cuando las lluvias cesaban, el camino se secaba lo suficiente como para permitirle galopar.

Un buen día, el caballero vislumbró desde su montura a un campesino en el horizonte. Normalmente no hablaba con personas de rango inferior, pero aquella tarde estaba un poco aburrido y decidió acercarse a saludar. El campesino se alegró mucho de verle, ya que justamente en ese momento necesitaba un animal para hacer una zanja y así drenar el camino. Los dos saldrían beneficiados, por lo que supuso que no tendría inconveniente en ayudarle.

–          ¿Sería usted tan amable de tirar con su caballo del arado?, preguntó el campesino.

–          Jamás he realizado trabajo físico alguno ni he pisado ningún camino embarrado, y por supuesto hoy no será una excepción, respondió el caballero.

–          Le creí más educado, ¿no se hace usted llamar caballero?, respondió el campesino.

El caballero se alejó con la mirada enfurecida y arrepentido de haberse acercado a charlar. El campesino continuó con su tarea, lamentándose a su vez de haberle dirigido la palabra y haberse creído digno de su ayuda.

Se evitaron durante meses si la casualidad les encontraba, pero las provisiones de paja del establo se agotaron y el caballero no tuvo más remedio que dejar el orgullo a un lado y acercarse de nuevo al campesino para comprarle paja. Éste, que había esperado ese momento desde hacía mucho tiempo, tenía su respuesta concienzudamente ensayada.

–          Buenos días, ¿sería usted tan amable de venderme unas alpacas de paja de trigo?, preguntó el caballero.

–          No le vendería nada a usted ni por todo el oro del mundo, espetó el campesino.

El caballero se alejó con el orgullo herido y jurándose no volver a hablar al campesino nunca más. Prefirió dejar morir a su querido caballo de inanición en vez de intentar negociar el precio de la paja. El campesino supo de las penurias del animal y tampoco se compadeció. Podría haber intentado pedirle ayuda de nuevo, pero decidió no hacerlo.

Finalmente el caballo se murió y el camino siguió embarrado. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Y digo yo… ¿no será mejor echarse una mano de vez en cuando? Echa un vistazo a este vídeo si piensas como yo, y si crees que no, pues no. 😉

Haz clic aquí para firmar la petición: https://www.change.org/es/peticiones/ba%C3%B1os-p%C3%BAblicos-en-zona-de-taxis-de-atocha-y-limpieza-de-or%C3%ADn-acumulado-desde-meses

Ah, y si de paso lo compartes con el resto de caballeros y campesinos que conozcas, pues… ¡¡mucho mejor!!

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  • Comentarios (1)
    • Sancho
    • 9/01/13

    Me pido caballero ! :D. Que buena la fabula, te ha faltado decir que el campesino, no pudo vender la paja a nadie más y paso hambre por capullo.

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