Las dos caras de la misma moneda

Hace unas semanas, un amigo me preguntó qué opinión tenía de él. Quería saber cómo le veían los demás desde fuera. La situación me resultó un tanto violenta, pero acepté la propuesta a condición de que luego él hiciera lo mismo conmigo. Fue como volver a ser niño de nuevo y mirar a ‘papá’, que lo sabe todo, mientras escuchaba con la boca entreabierta cómo es el mundo, cómo es tu mundo visto desde un satélite en el espacio, cómo es tu otro ‘yo’, el que negamos y preferimos ignorar.

Piénsalo un instante. ¿Qué eres, cómo eres? Para un león con hambre, yo no soy un profesor que escribe tonterías, sino 85 kg de carne fresca que le quitarán la sensación de desasosiego a su estómago. Para una cucaracha, en cambio, soy el elefante del que huye como loca para no morir aplastada. Las dos caras de una misma moneda, eso es lo que soy. Un millonario para la mayoría de los habitantes de la tierra, y en cambio, para ti, que dejaste de leer justo aquí, un ‘pringao’ que se come la cabeza con reflexiones sin lógica ni sentido.

Me alegro de haber sido taladrado mentalmente por mi amigo. Esa experiencia me ha enseñado a dar la vuelta a mi moneda. Y os aseguro que no ha sido fácil, sin las uñas bien afiladas no es posible hacerlo… A veces duele, como el dentista, pero no por eso debemos escondernos o nos dolerá más luego la muela. Puede que esté loco, pero prefiero lastimarme por osado, que marearme aplatanado en una tumbona. Si para beber el jugo de la vida he de ser malinterpretado, que me tachen de malvado, spammer y  malhumorado.

Otros dos lados de la misma moneda los encontramos en nuestra forma de comportarnos. La vida está llena de conductas planificadas que mantenemos a lo largo del tiempo (la educación es un claro ejemplo de ello). Empezamos a los tres años, cuando todavía somos unos bebés, y continuamos el martirio hasta muchos años después. Pero en la vida también hay muchos momentos impredecibles, que a veces nos cuesta incluso justificar debido a su brusquedad. Una ruptura sentimental, un año sabático, o simplemente la repentina necesidad de cambiar de aires durante una temporada.

Normalmente resaltamos los primeros y ocultamos los segundos, al menos en nuestro currículum, pero no queda muy claro en cambio, de cuáles aprendimos más. Cuando se trata de nosotros, tendemos a defender que los últimos fueron más importantes, ya que vinieron acompañados de una carga emocional mucho mayor, y por lo tanto dejaron una señal más profunda en nuestro proceso de aprendizaje.

En cambio, cuando se trata de los demás, si no son personas muy cercanas a nosotros, tendemos a valorar el aprendizaje formal, al menos al principio, y a asustarnos de todo lo demás por impredecible y descontrolado. No hay profesor que no sea juzgado con mil ojos por los padres de los alumnos a los que enseña, especialmente si son pequeños, a pesar de que esto lleve irremediablemente emparejado que el profesor únicamente les muestre su lado ‘formal’.

Pero, ¿por qué los mejores especialistas en recursos humanos consiguen que la gente se relaje en sus entrevistas? Pues precisamente porque saben que para poder leer a alguien de verdad, es necesario reconocer los dos lados de su misma moneda. Buscan información emocional, mucho más sustancial que la que llevan preparada los candidatos o la que aparece escrita en su rollo-currículum.

En definitiva, y antes de que me pierda en razonamientos derivados, deduzco que si somos una mezcla de aprendizajes formales e informales, no tiene ningún sentido destacar uno y eliminar el otro. De hecho, hacerlo así sólo nos llevaría al error. Cuando un animal se enfrenta a un peligro, huye o lucha, dependiendo de cuál sea su naturaleza, pero en algunas ocasiones hace justamente lo contrario debido a un estado emocional concreto, exactamente igual que nos sucede a los humanos. Si un animal se siente acorralado, especialmente si está con sus crías, atacará a quien se acerque aunque normalmente no lo haga.

Parece claro entonces, que para darse a conocer y conocer a otra persona, lo más inteligente es facilitar y tener acceso a toda la información posible, tanto la ‘bonita’ y predecible, como la ‘caótica’ e inesperada. Pretender que alguien actúe siempre de espaldas a las leyes emocionales que rigen su naturaleza no tiene ningún sentido. De hecho, el rendimiento de una persona se verá irremediablemente perjudicado, si se ve obligada a comportarse de un modo distinto al que las circunstancias reales le marquen. Pero entonces, ¿por qué lo hacemos?, ¿por qué separamos los distintos componentes de una misma persona y esperamos que en el trabajo saque unos y en su tiempo libre otros? Yo creo que es porque somos unos cínicos. Es más fácil vivir en la mentira que convivir con la realidad. Y eso, a pesar del peligro que a largo plazo tiene no ser coherentes con nosotros mismos. Pero como dice el refrán, ‘Vive hoy, que mañana Dios dirá’.

Somos la persona que conocemos, mostramos u ocultamos, y la que desconocemos. Pretendemos separarlas en nuestras monedas porque no entendemos que aunque lo queramos, en verdad es imposible. Nos da miedo reconocernos y reconocer a los demás, porque preferimos vivir engañados a darnos de bruces con la verdad. Somos ‘caquita de vaca’, preferimos no remover las cosas, no vaya a ser que estornudemos con el polvo que escondimos debajo de la alfombra. Vivimos el presente, pero llevamos retraso.

Sin embargo, no todos nos engañamos de igual manera. Algunas personas, las más brillantes, y entre las que no me incluyo, son capaces de enfrentar la realidad sin tapujos y reinventarse constantemente. No son super-héroes, sino que han aprendido a experimentar en vez de a repetir. Han sido entrenados para dejar a un lado el miedo y desarrollar así su faceta exploradora. El juego constante, la curiosidad infinita y la experimentación sin límite; en definitiva, la vida. Y es que el día en que una persona cree haber aprendido lo suficiente, no es otro que el primer día de su declive.

Intento no engañarme con este blog y seguramente no lo consigo, pero cuanto más avanzo más me divierto. Nunca sé si la entrada será acertada, pero eso no importa, mi objetivo sigue siendo el mismo que cuando era niño, aprender jugando. Y siento que me acerco, que cuanto más me arriesgo más me enciendo.

las dos caras de la misma moneda

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  • Comentarios (2)
    • Sancho
    • 22/01/13

    Violento me siento yo cuando haces algunas de las tuyas :-O :-DD

    Ademas de suscribir casi todo lo que dices, te diría que nunca me había dado cuenta de lo bien que escribes, cabronazo. Una gran virtud de un escritor es escribir con el alma desnuda, y eso lo bordas. En ese año sabático deberías pensar en escribir un libro, quién sabe, igual dentro de 10 años tendré que ponerme a la cola de tus fans para que me firmes tu decimonoveno libro 😉

    • Elena
    • 22/01/13

    ¡Me ha encantado este post! La idea de aprendizaje formal frente a lo impredecible es muy chula.

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