Una pasada de lima

de las 4 a las 12‘Si imaginásemos los 4.500 millones de años de historia de la Tierra reducidos a un día terrestre normal, la vida empieza muy temprano, hacia las cuatro de la madrugada, con la aparición de los primeros simples organismos unicelulares, pero luego no hay ningún avance más en las dieciséis horas siguientes. Hasta casi las ocho y media de la noche, cuando han transcurrido ya cinco sextas partes del día, no empieza la Tierra a tener otra cosa que enseñar al universo que una inquieta capa de microbios. Luego, por fin, aparecen las primeras plantas marinas, a las que siguen veinte  minutos más tarde las primeras medusas. A las nueve y cuatro minutos salen nadando a escena los primeros trilobites. Poco antes de las diez empiezan a brotar las plantas en la tierra, y cuando quedan menos de dos horas del día, las siguen las primeras criaturas terrestres.

Gracias a unos diez minutos de meteorología balsámica, a las diez y veinticuatro minutos, la Tierra se cubre de los grandes bosques carboníferos, cuyos residuos nos proporcionan todo nuestro carbón. Aparecen los primeros insectos alados. Poco antes de las once irrumpen en escena los dinosaurios e imperan durante unos tres cuartos de hora. Veintiún minutos antes de la media noche se esfuman y se inicia la era de los mamíferos. Los humanos surgen un minuto y diecisiete segundos antes de la media noche. El total de nuestra historia, a esta escala, sería de sólo unos cuantos segundos, y la duración de una sola vida humana de apenas un instante. A lo largo de este día notoriamente acelerado, los continentes se desplazan y chocan a una velocidad que parece claramente insensata. Surgen y desaparecen montañas, aparecen y se esfuman cuencas oceánicas, avanzan y retroceden mantos de hielo. Y mientras sucede todo esto, unas tres veces por minuto, en algún punto del planeta Tierra cae un meteorito. Es asombroso que haya podido llegar a sobrevivir algo en un medio tan aporreado y desestabilizado. En realidad, no son muchas las cosas que consiguen hacerlo bastante tiempo.

Tal vez un medio más eficaz de hacerse cargo de nuestro carácter extremadamente reciente como parte de este cuadro de 4.500 millones de años de antigüedad, es que extiendas los brazos el máximo posible e imagines que la extensión que abarcan es toda la historia de la Tierra. A esa escala, la distancia entre las puntas de los dedos de una mano y la muñeca de la otra es el periodo Precámbrico. El total de la vida compleja está en una mano, y con una sola pasada de una lima de granulado mediano podrías eliminar la historia humana.

Por suerte ese momento aún no ha llegado, pero hay bastantes posibilidades de que llegue pronto. No quiero daros una mala noticia, pero el hecho es que hay otra característica de la vida en la Tierra estrechamente relacionada: que se extingue. Y además, con absoluta regularidad. Las especies, por mucho que se esfuercen en organizarse y pervivir, se desintegran y mueren sistemáticamente. Y cuanto mayor es su complejidad, más deprisa parecen extinguirse… (extracto del libro ‘Una breve historia de casi todo‘)’.

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