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CUANDO COMAS, SOLO COME

Pasos sencillos para comer bien

Prueba las siguientes estrategias para comer de forma consciente y ser capaz de identificar las señales de tu cuerpo para realmente disfrutar de la comida sin excederte:

– Quita el piloto automático de comer. ¿Qué comiste en el desayuno? Piénsalo honestamente. Muchas personas comen lo mismo día tras día. Fíjate si te ha atrapado cualquier tipo de rutina.

– Reconoce si tienes hambre antes de comenzar a comer. ¿Cuánta hambre tienes en una escala de uno a diez? Calibra tu hambre como si te midieras la temperatura. Cada vez que comas, pregúntate: ¿Tengo realmente hambre? Si no tienes hambre, no tendrás tanto interés en el hecho de comer, y así será más difícil mantener la atención al propio hecho de comer. Además, si las ganas de comer no tienen su origen en el hambre, nunca se obtendrá satisfacción.

– Come antes de que tener mucho hambre. Una de las claves para comer conscientemente es mantener tu cuerpo adecuadamente alimentado para evitar llegar a tener mucha hambre, lo cual aumenta la probabilidad de comer en exceso. A continuación, decide cómo quieres sentirte cuando termines de comer. Cuando se come con la intención de sentirse mejor al terminar de comer, es menos probable que sigas comiendo hasta que desaparezca toda la comida que está a tu alcance. Escoge comer hasta sentirte bien, no dejándote ni lleno ni con hambre.

– Elige alimentos que satisfagan tanto tu cuerpo como tu mente. Nuestra sociedad está tan obsesionada con comer bien que a veces comemos cosas que ni siquiera nos gustan. Sin embargo, la satisfacción viene no sólo de la plenitud, sino de disfrutar el sabor de la comida sin sentirse culpable por ello. La sensación de culpabilidad por comer ciertos alimentos realmente causa comer en exceso, no menos.

– Prepara la mesa de forma atractiva y decora tu plato. La creación de un ambiente agradable añade al disfrute de comer y al nivel de satisfacción. Además, ten por seguro que te lo mereces.

– Come prestando atención. Sí, si tienes mucho “en tu plato” puede ser difícil hacer que comer sea una prioridad en lugar de una opción o una tarea secundaria. Si estás pensando en otras cosas al comer no será fácil convertir el hecho de comer en tu prioridad. Cuando tengas el deseo de un aperitivo, para y toma un descanso para que puedas comer prestando el 100% de tu atención a la comida.

– Come sin distracciones. Trata de evitar la multitarea cuando comas. Si comes mientras estás distraído viendo la televisión, conduciendo, o hablando por teléfono, no vas a dar a la comida y a las señales de tu cuerpo toda tu atención. Y en consecuencia, podrás sentir que te has llenado pero no satisfacción.

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Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?

El discurso de Bryan Dyson al dejar el cargo de Presidente de Coca Cola:

“Imagina la vida como un juego en el que estás haciendo malabarismo con cinco pelotas en el aire. Tu Trabajo, Tu Familia, Tu Salud, Tus Amigos, y Tu Vida Espiritual.

Pronto te darás cuenta de que el Trabajo es como una pelota de goma. Si la dejas caer, rebotará y regresará. Pero, en cambio, las otras cuatro pelotas: Familia, Salud, Amigos y Espíritu son frágiles, como de cristal. Si dejas caer una de estas, irrevocablemente saldrá astillada, marcada, mellada, dañada e incluso rota. Nunca volverá a ser lo mismo.

Debes entender esto: apreciar y esforzarte por conseguir y cuidar lo más valioso. Trabaja eficientemente durante las horas de trabajo, y sal a tiempo. Entonces, dale el tiempo requerido a tu familia y a tus amigos. Haz ejercicio, come y descansa adecuadamente. Y sobre todo…crece en vida interior, en lo espiritual, que es lo más trascendental, porque es eterno. Shakespeare decía: Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?. Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, ¡por eso, ámala !.

Vive intensamente y recuerda: Antes de hablar…¡Escucha ! Antes de escribir… ¡Piensa ! Antes de criticar…¡Examina ! Antes de herir…¡Siente ! Antes de orar ¡Perdona ! Antes de gastar… ¡Gana ! Antes de rendirte ¡Intenta !

ANTES DE MORIR…¡¡ VIVE !!

vive

 

No hay nada que respete más que a las personas que plantan árboles sobre cuya sombra nunca se sentarán.

Me lo dijiste al oído después de acercarte con sigilo:

“No hay nada igual a un final, el lugar en el que regalas tu historia para que otro la continúe. Ahora no tienes ni idea de todo lo que harás y en lo que te convertirás. No te preocupes, no intentes controlarlo. Simplemente deja que fluya, ahí es cuando empieza lo divertido. Porque como una vez a mí también me contaron, no existe mejor regalo que el tiempo. Una conclusión feliz para un viaje con baches, ¿verdad? Porque ése es sin duda el objetivo, el viaje. No basta con quedarse quieto, tiene que haber progreso, movimiento hacia algún sitio. Hay algo increíble y terrible al mismo tiempo en la vida, y es que hay muchísimo potencial desaprovechado. A veces olvidamos que podríamos ser realmente felices… Y no perseguirlo, no arriesgarnos cuando está tan cerca que casi lo podemos tocar… Ve a por ello, la palabra coincidencia es solo una palabra cuando no somos capaces de descifrar nada más.”

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Y así terminó el susurro. Un montón de frases apretadas, que cuando se dicen con honestidad tienen más fuerza que el mar. Gracias, amiga. Muchas gracias.

Soy América Latina, un pueblo sin piernas pero que camina

En esta ocasión quiero compartir con el minimundo que me lee, que para mí es un gran mundo, un vídeo musical que no me llamó la atención la primera vez que lo vi pero que después de darle una segunda oportunidad consiguió calarme. Creo que transmite mucha pasión por la vida, como lo que se ve por las calles de lo que de momento conozco de Sudamérica, ”un pedazo de tierra que vale la pena”. Los colores son los de aquí, Susana Baca lo clava y la letra transmite un mensaje muy realista. No todo se compra en esta vida, los colores, el calor, la lluvia, las nubes, el viento, el sol, la alegría… no están a la venta. Además, un niño recién nacido me ha recordado al momento en que nació mi chilenito!! Un vídeo musical que simboliza también de alguna manera nuestra aventura; vamos caminando, sin piernas pero avanzando.

Pensaba que eran dos minutos, y sólo después de mirarlo me he dado cuenta de que casi son seis. Espero que lo disfrutéis tanto como yo 😉

 

El cordero de Dios

El verdadero espíritu navideño tiene forma de coincidencia, o al menos así lo ha sido en esta ocasión para mí. Eran aproximadamente las diez de la noche del veinticuatro de diciembre, noche de Nochebuena, cuando nos dirigíamos de vuelta a nuestra cabaña por un camino de ripio después de un largo día explorando el sur de Chile. Sin querer, pero de alguna forma también queriéndolo, nos dimos cuenta de que estábamos a más de once mil kilómetros de nuestras familias y nos pusimos un poco melancólicos. Fijábamos la mirada con dificultad en el horizonte que el oscuro camino nos devolvía para no vernos obligados a celebrar la Nochebuena en la cuneta, y justo cuando menos lo esperábamos surgió un cordero de la nada. Obligados, paramos para ver de qué se trataba y nos encontramos con su dueño, un mecánico muy especial y de nombre Alejandro. Su padre y su hermano también se llamaban así, y eso a pesar de que no es un nombre nada común en esta zona del mundo. Para los que no lo sepáis, mi hijo también se llama Alejandro… ¿Coincidencia? Podría serlo si además de eso el papá y el hermano, los dos presentes en aquel encuentro, no fueran además maestros de escuela como yo. La Navidad, sin ninguna duda, se estaba cuajando en aquel establo; un taller mecánico que durante unas horas se convirtió en el mejor lugar del mundo para nosotros.

Mucho antes de ver al niño ya nos habían invitado a que nos quedáramos a cenar con ellos y compartiéramos el cordero que nos había sorprendido en el camino. Como es lógico, no me lo podía creer. Aquello superaba cualquier predicción que mi loca imaginación pudiera fabricar. Pero lo mejor de todo es que era justo lo que necesitábamos en aquel momento. Habíamos viajado al sur para recuperar un poco de oxígeno durante la Navidad y retomar la vuelta con energía. De hecho, tan solo unos minutos antes nos habíamos acordado de que una Navidad sin familia no puede ser realmente una Navidad… Debe ser que ‘alguien’ escuchó nuestra conversación mientras procurábamos mantener el control del coche a pesar de las piedras. ‘Alguien’ puso aquel cordero en nuestro camino… ‘alguien’ más grande que yo me presentó a aquel pobre animal… Comimos, bebimos y fumamos hasta no poder más. Os aseguro que me sentí como en mi propia casa en aquel taller mecánico e intenté compartir con ellos lo mejor de mis relatos, agradeciéndoles mil y una veces la invitación. Hay cosas que, a pesar del anuncio, verdaderamente no tienen precio. Ellos nos contaron sus vidas, pero sobre todo nos volvieron a demostrar una vez más que no los que más tienen son los que más dan, que quejarse no vale de mucho, y que lo que realmente importa ni se vende ni se compra.

familia de Alejandro en Coñaripe

niño jugando con intestinos de cordero

vistas de coñaripe

 

¡¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!!

 

Agujero negro

Esta mañana escuché algo en la radio que me hizo pensar, estaban hablando de las galaxias. Decían que son una especie de ciudades donde cada habitante es una estrella. El Sol, por poner un ejemplo, es una estrella de tamaño medio, ni muy grande ni muy pequeña. Y la distancia entre cada uno de los habitantes, estrellas o soles, es del orden de varios años luz, siendo un año luz aproximadamente diez billones de kilómetros. Algunas galaxias son enanas, otras son gigantes y también hay galaxias normales. La Vía Láctea, por poner otro ejemplo conocido, es normal. Tiene cien mil millones de estrellas, o lo que es lo mismo, se trata de una ciudad habitada por cien mil millones de habitantes, todos ellos separados por esa enorme distancia entre ellos. Luego están las galaxias gigantes. Pero es que incluso las enanas son enormes, tienen unos cuantos miles de millones de estrellas.

No sé vosotros, pero después de escuchar esto yo no pude evitar quitarle un poco de importancia a todo lo que considero relevante. Todo lo que me parece grande, incluidos los problemas, se hicieron un poco más pequeños esta mañana. Y eso sin considerar el factor tiempo. Porque si al espacio le añades el tiempo, entonces la sensación ya es descomunal. Piénsalo, el tiempo y el espacio por los que transcurren una vida no son absolutamente nada si lo comparamos con las magnitudes del Universo. Y a la vez, sin ser nada es todo lo que conocemos.

Las galaxias, al igual que las vidas, también mueren. Las estrellas que forman estas ciudades convergen poco a poco en el centro, en una especie de remolino llamado ”agujero negro”. Se llama así porque no sabemos lo que pasa dentro. Como no emite luz, porque hasta la luz se queda atrapada ahí dentro, no sabemos lo que sucede. Solo sabemos lo que ocurre en los bordes, gracias a lo cual podemos intuir lo que pasa dentro aunque no lo hayamos visto nunca. Todas las galaxias tienen un agujero negro en el centro de un tamaño proporcional al de la galaxia en que se encuentra, lo que me hace pensar que algo similar debe suceder con las personas. Dependiendo de nuestro tamaño en vida, así será el de nuestra muerte.

Pero lo curioso es que hay una galaxia muy rara y enana, una que tiene muy pocas estrellas y que en el centro encierra un agujero negro enorme. Nadie se lo explica ya que contradice todas las reglas que rigen en el resto del Universo. Es como cuando mi abuela me decía de niño que no me preocupase por ser bajito, que todos los jefes lo eran. Nadie puede entenderlo, yo tampoco lo entendía entonces. Pero hay una cosa que sí me queda clara, y es que independientemente de nuestro tamaño, por muy altos, poderosos o ricos que seamos, siempre seremos extremadamente pequeños al compararnos con el Universo.

agujero negro

Los hilos de mi marioneta

Usted podría haberme convertido en un gran hombre de negocios, en un escritor tocado por la mano de Dios o en un director de cine capaz de inspirar sueños en las personas. No se preocupe, todavía tiene tiempo. De momento estoy contento con lo que ha hecho y le estoy muy agradecido por ello. No ha sido fácil llegar hasta aquí, se lo confieso, de lo cual me alegro, ya que entiendo que debe ser complicado, si no imposible, lograr comprender el dolor ajeno sin haber sufrido antes, o poder alegrarse del éxito acaecido en otros sin haber brillado primeramente.

Por este motivo le necesito, mi querido pasado: maestro, condena y primeros pasos de mi futuro inmediato. Usted es, en definitiva, todas las personas, animales y cosas con las que he tenido la gracia o desgracia de interactuar. A algunas, incluso en un día tan bonito como éste, no repararía en borrar. Pero eso es imposible, de lo cual también me alegro, ya que gracias a su miseria heredada (pobrecitos míos), me ayudaron sin saberlo a ser mejor.

Aquel perro que me clavó sus cuatro colmillos en la nalga derecha mientras hacía ciclismo en ‘su’ montaña, me enseñó, sin tener conciencia de ello, a respetar la propiedad privada. El suelo resbaladizo que tuvo a mal, o a bien, según se mire, partirme un brazo, me enseñó sin saberlo a beber cerveza con moderación (y sobre piso secado). Y el jefe que me ignoró, por supuesto sin tener ninguna intención de hacer el bien, me hizo comprender que no hay mejor jefe que ser tú el jefe. Gracias a ellos y a muchos otros, aprendí a confiar que seré valiente cuando haga falta. Tener la convicción de que me levantaré de nuevo tras la próxima y estadísticamente inevitable caída, me proporciona la fuerza que en este momento guía mi mano para escribir. Porque sería un mezquino y un arrogante (gracias a todos los que me insultaron en el pasado), si me creyera que esto lo escribo yo. No señor, esto, sin duda alguna, lo hacéis vosotros, personas, animales y cosas de mi pasado.

Me paro a pensar un instante… ¡soy como los viejos, estoy dando las gracias a mi pasado! Nunca antes lo había hecho… pero, ¿por qué? Pues porque lo que decís, abusando de mi mano, lo hacéis en realidad para presentar a alguien con mucha historia. Una persona-persiana, capaz de enrollarse con cualquiera que tire de ella. Ya lo sé, la última frase suena mal, pero no os preocupéis, yo también tuve miedo al conocerla: era vieja y miraba muy adentro. Ahora, en cambio, puedo decir con orgullo que es mi amiga y uno de los motores que impulsan con más fuerza mi providencia.

Se llama María del Socorro, de lo cual se enteró al jubilarse, hasta entonces era María a secas. Bisabuela y niña de la Guerra Civil Española, pasó tanto hambre que llegó a soñar con hogazas de pan y a pensar durante mucho tiempo que nunca llegaría el día en que se hartaría de comer. A los veinte años perdió la mitad de una mano en un accidente ferroviario, hoy corta el jamón mejor que yo. De niña usaba piedras de carburo para iluminar el salón de su casa, hoy se ríe al escuchar que nosotros las usábamos para estallar tazas de váter en el colegio. Así es la vida, una rueda de hámster que gira y se repite sin descanso. Si tan sólo fuéramos capaces de preguntarle al hámster que nos precede…

– Disculpe, ¿podría explicarme cómo funciona esa cosa por la que usted corre sin descanso?

– Pues la verdad, no lo tengo muy claro, pero tengo la sensación de que se repite a cada rato – nos contestaría fatigado.

Pasado venidero, o séase, futuro deseado, póngame en contacto con más personas como María. Socorro pediré si no me lo concede, ¡la calidad de mis cimientos depende de ello! Es urgente, gracias a gente como ella sigo recordando:

”Tiene más sentido comprar un buen jersey, que una cena en un restaurante caro”.

María del Socorro

María (del Socorro, desde los 65)

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