No seáis tan torpes como yo.

Hace unos meses me encontraba imitando torpemente a Paco, un profesor de mi infancia. Quería convertirme en una persona especial para mis alumnos, intentaba ser ese profesor que nunca olvidas y del que algún día dices que fue el mejor de tu vida. Mi torpeza me llevó a intentar leer como él, e incluso a escoger el mismo libro que nos leyó a mí y a mis compañeros de clase cuando teníamos ocho años: ”Fray Perico y su borrico”.

Obviamente, y muy a mi pesar, mis alumnos no me siguieron con la misma atención. El libro estaba alejado del contexto actual y de su edad, cuatro años más que cuando yo lo escuché. A eso le añadí mi nula habilidad para cambiar el tono de voz con cada personaje e imitar los sonidos de los animales de la historia, el fracaso estaba garantizado… Me salió peor que cuando intenté ganar un pavo para Navidad contando un chiste en la televisión nacional peruana.

Hay pocos profesores tan peculiares como Paco. Él nunca se volvió loco con las programaciones, sino con los niños. Los exámenes tampoco le hacían perder el tiempo, sabía que es más importante ser feliz para aprender, que tener que aprender para ser feliz. Nunca olvidaré el día en que todos llevamos un animal a clase. En aquella ocasión se inventó que sería una buena excusa el día de San Antón, patrón de los animales, para poder hacer algo diferente sin generar sospechas. Qué curioso, una lección que veintiocho años después sigo recordando, algo por lo que deberían haberle pagado un bonus, tuvo que hacerse buscando una justificación en el santoral para evitar ser tachado de extravagante.

Fue genial, como en mi casa no teníamos animales de compañía, yo llevé un cangrejo que mi madre compró en la pescadería. Cada niño llevó un animal a clase, ¡¡y eso con cuarenta niños en el aula!! Las familias se involucraron y buscaron animales de todo tipo. Había perros, gatos, peces, hámsters, periquitos, conejos, gallinas, perdices… fue una locura que recordaré toda mi vida y de la que aprendí muchísimas cosas. No me aficioné a la lectura ni a los animales gracias a aquello, pero sí me transmitió la pasión con que él vivía lo que hacía.

¿Y qué hay más importante que vivir con pasión, qué más importante que llorar de emoción con aquello que te hace feliz, qué más importante que entregarse a los demás sin esperar nada a cambio, qué más importante que amar a los más débiles, qué más importante que ser capaz de divertirse con el ignorante, que más importante que aprender que ser diferente no implica necesariamente ser raro, o qué mas importante que aprender que con un poco de picardía se pueden saltar muchas zancadillas?

Recuerdo cómo le pedíamos a gritos que nos leyera otro poco más. Yo quería ganar el pavo de Navidad y que mis alumnos disfrutasen tanto como lo hice yo cuando Paco nos leía, pero en ambos casos faltó algo esencial que recientemente he descubierto gracias a un compañero de colegio de la infancia. El hermano de Paco, después de que éste falleciera, encontró en su casa unos apuntes escritos a mano con los trucos que le hicieron ser un auténtico maestro de la lectura. Son una serie de reflexiones sobre cómo enseñar a leer (pinchar aquí para verlo). Así de sencillo, no hace falta más que pararse a pensar y disfrutar con lo que haces. Porque es mucho más importante querer que valer, tener una buena disposición que el mayor de los talentos. Porque es mucho más valiosa una persona que se para a pensar cómo hacer bien las cosas que el que simplemente intenta hacerlas bien. Porque la introversión está ligada a la genialidad.

Ojalá hubiera tenido muchos más profesores como él, pero sobre todo, ojalá de una vez por todas empiece a premiarse al profesor-científico, al que experimenta con los niños en vez de copiar lo que hicieron con él de pequeño. Nadie sabe cómo será el futuro, así que la mejor forma de preparar a alguien para lo desconocido es haciendo pruebas razonadas. Que profesores como Paco sirvan de ejemplo para hacer que perdamos el miedo a lo desconocido y nos atrevamos a mirar para adelante en vez de dar la vuelta constantemente hacia el pasado. Que profesores como Paco nos enseñen a ser lo suficientemente inteligentes como para engañar a los que no se atreven a explorar. Y que la vida de Paco sirva para que nos tomemos las cosas con un poco más de sentido del humor y no olvidemos que lo más importante de todo es QUERERNOS!! Yo tardé muchos años en darme cuenta de lo bueno que él era, no seáis tan torpes como yo.

Gracias, Paco!!!

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La vida favorece a los valientes

Con este post me gustaría conseguir tres cosas. En primer lugar, descifrar el título: La vida favorece a los valientes. A continuación, revisar el concepto que Steve Jobs hizo popular en su famosa charla en la universidad de Stanford: La importancia de conectar los puntos. Y por último, homenajear a mi amigo Roger Grimsdick (derecha en la foto).

Roger y Jesús

No quisiera parecer pretencioso, pero voy utilizar mis propias vivencias, así que aprovecho para disculparme de antemano. Es algo muy valioso y no se me ocurre otra forma mejor de transmitirlo que usándome como ejemplo. Si algo he aprendido como profesor es que no hay mejor ejemplo que ser el ejemplo. Y dicho esto, también debo matizar que no me considero una persona especialmente valiente, aunque en algún momento sí lo haya sido. La cantidad de coraje en mi vida podría compararse con alguna tormenta pasajera entre grandes calmas de cobardía. Hechas estas aclaraciones, empezaré con la explicación:

Hace unos años, con el dinero que ahorré sudando tinta china (literal) trabajando como profesor suplente en infinidad de colegios e institutos de Londres, East Anglia y Norfolk, me compré un barco velero de veintinueve pies de eslora. Me gasté todo lo que tenía en el banco menos diez libras esterlinas que guardé para comer esa semana. Lo arreglé con ayuda de un amigo y cuando terminamos las reparaciones lo echamos al agua para ver si flotaba. Hubo suerte, no entró agua por ningún sitio, así que los del puerto nos adjudicaron una boya detrás de un islote en donde podríamos amarrar sin problemas. Según nos dijeron, a pesar de haber poca profundidad, la quilla se hundiría en el fango cuando la marea bajase y el barco permanecería vertical todo el tiempo.

cup

Decidimos quedarnos a dormir allí esa noche, la sensación de aventura fue enorme. Recuerdo que compramos ‘fish and chips’ en un local cercano para cenar y que la noche estaba clara y las estrellas lucían con la intensidad que sólo el mar y la montaña permiten vislumbrar de vez en cuando. No habíamos hecho casi ningún esfuerzo físico aquel día, pero la tensión había sido tan grande que caímos rendidos de inmediato. La botadura del barco nos había hecho experimentar un remolino de sensaciones, siendo el cansancio la última de ellas. Dormimos profundamente hasta las cuatro de la madrugada, cuando todo empezó a hacer ruido y comenzaron a caerse las cosas que no estaban firmemente sujetas. El barco se estaba inclinando, crujía de dolor. Nos despertamos asustados y salimos a cubierta. Para nuestra sorpresa, no había agua alrededor nuestro. Lo único que la noche nos devolvía era un fango denso y oscuro. El barco siguió inclinándose hasta que no hubo más remedio que sentarse en el lado de estribor del casco.

Cuando la marea se retiró por completo, el barco dejó de moverse y quedó totalmente tumbado hacia el lado de babor. Después de unas horas de tensa espera en las que no sabíamos qué hacer, la marea comenzó a subir de nuevo, al principio muy lentamente y luego a toda velocidad. El nivel del agua ascendía rápidamente y el barco no hacía ningún amago de enderezamiento. Mas adelante, supe que muchos barcos se han hundido de esta manera (el casco hace ventosa con el barro y la marea inunda la galería del barco). Afortunadamente, justo antes de que el agua entrase en la zona de flotabilidad, escuchamos un ruido parecido al de un enorme beso de gigante e inmediatamente después el barco comenzó su camino hacia la vertical. La densidad del barro no fue lo suficientemente melosa como para absorber el casco unos minutos más. Aquel amanecer comprendí que no tenía ni idea de navegar y que debía buscar formación. En Inglaterra es legal navegar sin ninguna titulación náutica, pero yo no sabía absolutamente nada y debía hacer algo al respecto.

vistas a Hyde Park

Busqué en internet y encontré el número de la ‘Royal Yachting Association’ de Norfolk. Así fue como conocí a Roger. Cuando conseguí hablar con él, me dijo que las clases habían empezado hacía dos meses, pero que aun así accedería a verme y hablar sobre mi problema con el barco y el barro. Cuando nos vimos, me explicó que debía colocar un cabo que recorriera el casco de babor a estribor y que en el momento de mayor succión tan solo debería tirar del cabo, rompiendo así el efecto ventosa. Un truco que a pesar de su sencillez, probablemente jamás se me habría ocurrido por mi cuenta… Todavía recuerdo aquella primera charla, fue muy agradable y muy cercana. Supongo que me vio tan perdido que accedió a aceptarme en el curso a pesar de estar empezado y de que yo fuera el único alumno extranjero.

Unos días después, les dije a Roger y a la clase que iba a mover mi barco desde Brightlingsea (el lugar en que lo había comprado) hasta Wells-next-the-sea (el puerto más cercano a King’s Lynn, donde trabajaba y vivía). En coche tan solo hacen falta cuatro horas para completar el trayecto, pero en barco son necesarios tres días de travesía. Me pidió que no lo hiciera. Insistí. Volvió a decirme que era una locura. Volví a insistir. Entonces se enfadó. Insistí una vez más, y finalmente decidió parar la clase y enseñarnos cómo hacer una plan de viabilidad utilizando mi travesía como ejemplo. Analizamos con minuciosidad durante días todo lo que debía tenerse en cuenta: la embarcación, las corrientes predominantes diurnas y nocturnas, la experiencia de la tripulación, los partes meteorológicos, la distancia diaria a recorrer, los puertos alternativos en caso de necesidad, las zonas potencialmente peligrosas… Y, obviamente, el resultado fue ‘no viable’. Con toda la educación que fui capaz de reunir, les dije que a pesar de todo movería el barco. Llevaba mucho tiempo pensándolo y el amigo que me iba a ayudar a hacerlo había pedido quince días de vacaciones hacía mucho tiempo. Era demasiado tarde para cancelar nuestros planes. Además, no podía ser posible que no fuéramos capaces de hacer una travesía de tres días en quince días. El resto de los alumnos me retiró la palabra. A partir de ese día me convertí en el loco español, un hombre muerto.

vistas a Hyde Park1

La travesía fue un desastre absoluto. El primer día nos sorprendió una tormenta de verano. Sólo duró media hora pero tumbó el barco por completo. Fue como la noche del fango, con la diferencia de que ahora estábamos en el mar. Un frente tan negro como el betún nos sorprendió con la vela mayor puesta y el intenso viento imposibilitó que pudiéramos quitarla. Además, el viento sopló hacia tierra arrastrándonos peligrosamente hacia la costa. Afortunadamente no duró demasiado y pudimos recobrar el control. El segundo día nos metimos en una zona de dunas submarinas y encallamos varias veces. Las olas nos golpearon lateralmente y la alarma del sonar de profundidad no paró de pitar en todo el día. Gracias a que el fondo era de arena y a que nuestra velocidad no era elevada, el casco no sufrió ningún desperfecto. Y para terminar, el tercer día, cuando pensábamos que habíamos llegado a nuestro puerto de destino, nos dimos cuenta de que todavía nos faltaban treinta millas náuticas más. El GPS era nuevo y todavía no sabíamos usarlo con precisión. Pero además de estar más perdidos que una cabra en un garaje, me mareé y estuve fuera de combate unas cuantas horas… Llegamos de noche a la boya de entrada y tuvimos que esperar a que la marea inundase de nuevo la barra de sedimento arenoso que daba paso al canal del puerto. Estuvimos allí hasta las dos de la madrugada. El comodoro del puerto de Wells-next-the-sea no durmió aquella noche. Salió a buscarnos hasta el límite que le permitía su pequeña embarcación, pasamos la barra y nos guió hasta nuestro punto de amarre por el serpenteante canal de entrada. Una auténtica odisea.

Llegamos derrotados pero orgullosos, lo habíamos conseguido. Me disculpé ante el comodoro y nos hicimos amigos. La desgracia también une. En el puerto me esperaba mi novia, fue precioso. Estaba tan preocupada y yo tan aliviado de haber llegado que nos dimos uno de los mejores abrazos de mi vida. Tan sólo habían sido tres días, pero parecía que hubiéramos estado varios meses en el mar. Tenía unas ganas enormes de que las clases de navegación se reanudasen para contárselo a Roger y al resto de los alumnos. Recuerdo perfectamente cómo me miraron todos cuando entré en la clase. Ninguno se atrevió a decir nada. Tenían curiosidad, pero me habían retirado la palabra. Para ellos yo era un loco español que había venido a matarse a Inglaterra. Por fin, uno se atrevió.

-‘Did you do it?’ (¿lo hiciste?).

-‘Of course I did it!’ (por supuesto que sí).

Les expliqué con todo lujo de detalles cómo había sido el viaje. Todos querían saber qué había pasado en cada momento. Muchos de ellos tenían barco desde hacía años y todavía no se habían atrevido a hacer una travesía así.

salón

Roger era consciente de los riesgos que había corrido, pero también intuyó algo que no es fácil de encontrar: ímpetu. Unas pocas semanas después volví a hacer otro anuncio definitivo. En veranó llevaría mi barco hasta España. El resto de los alumnos volvió a retirarme la palabra. Pensaban que estaba pidiendo a gritos una desgracia. Roger, en cambio, se puso manos a la obra. Me propuso ayudarme con una única condición: debía hacerme cargo de todos los gastos que él considerase necesarios. De no ser así, se daría la vuelta y me dejaría a mi suerte. No lo pensé ni un instante. Acepté. Y al hacerlo, empezó una de las etapas más bonitas de mi vida. Tenía muchísimas cosas que preparar y muy poco tiempo para hacerlo, así que fui a una subasta y me compré el primer coche que sacaron. Un Ford Escort que me costó solamente cuarenta libras esterlinas. Metí todos mis trastos y me mudé al barco. Roger se desplazaba a Wells-next-the-sea a menudo para darme clases particularesrevisar el barco de arriba a abajo. Lo sacamos varias veces del agua, vinieron a revisarlo varios técnicos, pasó la inspección para el seguro, cambiamos infinidad de piezas que estaban en mal estado, instalamos sistemas de seguridad… hasta que por fin llegó el día de zarpar.

Roger preparó una planificación pormenorizada de la travesía hasta Francia. ‘Si llegáis hasta allí, sabréis planificar el resto vosotros solos’ -me dijo antes de partir. El libro que preparó incluía todas las variables que nos afectarían durante las fechas que habíamos escogido. Desde la coordinación con salvamento marítimo, hasta las horas a las que debíamos levantarnos cada día. Todo estaba detallado. De nuevo, volvimos a experimentar todo tipo de incidencias. Ningún día es igual a otro en el mar. Navegamos durante tres meses y medio hasta que llegamos a Castro Urdiales. No voy a detallar ahora el viaje, porque necesitaría demasiado tiempo y porque no es relevante para lo que pretendo demostrar ahora. Tan solo diré que mantuve contacto telefónico casi diario con Roger. Cada vez que hablábamos me preguntaba por todos los detalles del barco. Le interesaba hasta la más mínima modificación en el comportamiento de cualquier pieza.

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De hecho, vino a Cantabria (España) para comprobar que todo lo que le había contado por teléfono era verdad. Al verme, me saludó e inmediatamente después me preguntó:

Where is the boat? (¿dónde está el barco?)

Quería ver con sus propios ojos que lo había conseguido. Me felicitó y después de pasar un par de días con mi familia en Castro Urdiales, un precioso pueblo costero de Cantabria, volvió a Inglaterra. Una vez allí, convocó a la prensa y organizó un acto público en el que hizo entrega de las titulaciones (todavía no tenía el título de Patrón Offshore). Aprovechó la ocasión para contar nuestra hazaña a la prensa y a los alumnos que habían dejado de hablarme. Recogí la acreditación con Mención de Honor. Para mí, aquello fue un auténtico premio. Cuando llegué por primera vez a Inglaterra casi no sabía hablar inglés y ahora un periódico me dedicaba una página completa explicando al detalle mi vida y mi aventura.

Pasé un año más en Inglaterra haciendo otro curso de navegación, y el verano siguiente navegué desde Santander (España) hasta Gibraltar. Llevé conmigo a una persona sorda que no sabía navegar y recaudamos fondos para dos asociaciones de personas sordas en Inglaterra (‘Norfolk Deaf Association’ y ‘West Norfolk Deaf Association’). Los alumnos que me retiraron la palabra hasta en dos ocasiones, le pidieron a Roger que me dijera que les gustaría navegar conmigo en períodos de una semana cada uno para aprender. Me equivoqué y dije que no, el orgullo a veces te juega malas pasadas…

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Fue en el segundo viaje cuando aprendí que hundir un barco es extremadamente difícil. Si el barco es bueno, es prácticamente imposible hundirlo. De ahí el título, de ahí que la vida favorezca a los valientes. Durante los tres meses y medio que tardé en completar la travesía hasta Gibraltar probé todo tipo de cosas. Ahora ya sabía lo que hacía y le dejé los mandos a Juan José, el chico sordo que me acompañaba. No sabía navegar, nunca se había montado en un barco antes y no pasó nada. Si no eres un suicida, es realmente difícil hundir un buen barco. Pero la gente no lo sabe, por eso sólo los valientes se benefician. No me jugué la vida tanto como creí haberlo hecho. Era una percepción equivocada. En general, lo desconocido nos asusta. Yo viví una experiencia inolvidable, pero en realidad lo que hice no fue tan especial. El valor real de todo aquello fue atreverme a hacerlo.

viento en popa

Han pasado ya unos años de aquello. Y ahora, al echar un vistazo atrás, todo cobra sentido. Es fácil mirar por el retrovisor y conectar los puntos. Primero conoces a una persona, luego entablas una relación comercial, después comienza una amistad, más adelante descubres que tu amigo es un afamado ingeniero industrial que trabajó en el Pentágono y que fue un pionero de la tecnología aeronáutica del siglo XX, y finalmente te invita a comer en el club de vela más antiguo y exclusivo del Reino Unido, el Royal Thames Yacht Club.

Si alguien me hubiera dicho hace solo unos pocos años que el miércoles pasado comería con alguien así y en un sitio tan elegante, no me lo habría creído. Y es lógico, ya que sólo somos capaces de conectar los puntos cuando miramos hacia atrás. Todavía no los vemos, pero también existen hacia adelante. O mejor dicho, están a punto de aparecer. Cualquier cosa es posible. Tan sólo debemos vivir la vida con pasión y valor. Si somos coherentes con estos principios, no hay ningún motivo para que dentro de unos años miremos atrás y no podamos conectar unos puntos que hoy ni siquiera podríamos atrevernos a soñar.

¡¡La vida esconde cosas maravillosas si reunimos el coraje para buscarlas!!

Oda a la libertad

Concha, no podía irme de España sin hacerte una visita. Has sido, por goleada, la mejor Jefa de Estudios que he tenido (CEIP Luis Bello, Madrid).

Concha y Jesús1

Porque crees en la libertad

libertad

…y sabes que hay infinidad de caminos válidos.

caminos

Porque entiendes este caos

caos bueno1

…pero no éste.

metro abarrotado

Porque sabes que en la vida hay muchas más cosas que las que vemos a diario…

vida

…y porque sabes que la suerte no se tiene, sino que se consigue.

suerte

¡¡¡ Y sobretodo, porque tú también pedirás una excedencia algún día !!!

Aunque este post te lo dedico a ti, Concha, también me gustaría hacerlo extensible a Begoña. Si no fuera por ella, aquel colegio sólo sería uno más del montón. En unos pocos años ha conseguido darle la vuelta por completo.

¡Cuánto mejoraría la educación de este país si los equipos directivos salieran de cañas con los profesores! Allí nos llevábamos tan bien que incluso salíamos de fiesta juntos; todavía recuerdo la noche en que un escaparate me devolvió el reflejo de una Vespa blanca avanzando con tres personas encima… 😉

¡Cuánto mejoraría la educación de este país si la gente se riera más en los colegios! Todavía recuerdo la mañana en que la olla industrial del colegio me devoró por completo para que las cocineras me hicieran una foto… 😉

Conclusión: Algunos colegios deben ser evitados a toda costa por su radiactividad (CEIP Real Armada, Moratalaz) y otros deben ser buscados con insistencia por su energía positiva (CEIP Luis Bello, Madrid).

Sé que este post no servirá para nada

Me gustaría creer lo contrario, pero soy realista; sé que este post no servirá para nada. La semana pasada tuve mi última reunión de padres. Debería ser la primera de este curso, pero he pedido una excedencia de dos años, así que será la última. Ya no aguanto más.

Sólo he podido trabajar con libertad dos de los seis años que llevo como maestro en varios colegios públicos de la Comunidad de Madrid. El resto lo he pasado como he podido, a veces mal y otras fatal, no os voy a engañar. Y todo por defender mis principios: creo en los niños y en la libertad de cátedra.

No me voy a enrollar demasiado, sé que este post no servirá para nada, así que iré al grano. Me despedí de los padres de mis alumnos diciéndoles la verdad, mi verdad. Después de contarles algunos datos aburridos les dije que me iba. Me preguntaron por qué lo hacía y como me pagan por responder preguntas, les contesté.

– Pues miren, hay varios motivos, estar hasta las narices es uno de ellos.

Las caras de asombro fueron dignas de foto. Después de un breve silencio, continué hablando… Les expliqué cómo veo la educación pública en España, por qué creo que va a empeorar más y algunos consejos sobre lo que pueden hacer por sus hijos.

péndulo de mierda

La línea verde simboliza el avance del tiempo (de izquierda a derecha), y el péndulo azul la evolución de la educación pública española. Durante los cuarenta años de dictadura el péndulo avanza lentamente. Pero poco a poco acelera su marcha y en la década de los 80 llega a la vertical, por donde desgraciadamente pasa a toda velocidad. A continuación vuelve a perder impulso en la subida y se detiene de nuevo en un punto indeterminado del futuro.

¿Y por qué pasa a toda velocidad por donde debería avanzar despacio o quedarse quieto por completo?

Digamos que mantener el equilibrio no es nuestro fuerte. Y tiene toda la lógica del mundo, es más fácil ser muy autoritario o excesivamente comprensivo que ser autoritario y comprensivo al mismo tiempo. Además, las tentaciones son muchas y golosas. Hacer atajos siempre nos ha gustado a los humanos.

Durante la dictadura, la educación era sinónimo de AUTORIDAD DEL PROFESOR (incluso se maltrataba a los niños). Ahora, la educación es sinónimo de AUTORIDAD DE LAS FAMILIAS (incluso se maltrata a los profesores). La historia se repite. Los ciclos no son exactamente iguales, pero la esencia es la misma. Después de un periodo de represión viene uno de libertad y a continuación otro más de represión. Y sí, desgraciadamente, los períodos de libertad pasan más rápido.

evolución de la educación

¿Por qué es así? ¿Por qué lo permitimos? ¿Qué podemos hacer?

Lo explicaré con otro dibujo, que es más divertido. Tanto en los años 60, como en los 80 o en la actualidad, la educación pública ha padecido una dependencia vertical muy marcada. Los alumnos son las semillas (muchísimas), que dependen del agua que les llegue de sus maestros (muchos), que a su vez dependen del agua que les posibiliten sus directores (bastantes), que a su vez dependen del agua que filtren sus inspectores (unos cuantos), y que una vez más dependen del agua que les faciliten sus políticos (unos pocos).

ducha de mierda

Nos guste o no, todos somos eslabones de una misma cadena: políticos + inspectores + equipos directivos + profesores + alumnos (y familias). Incluso en los años 80 fue así, cuando la educación pública española gozó de mayor salud. Se debió a que también los políticos creían en la libertad. En cambio, en Finlandia (modelo educativo mundial), se han saltado todo esto creando una ley que protege a la educación de los vaivenes políticos. Allí da igual quien gobierne, el sistema educativo sólo puede ser modificado por la comunidad educativa. O construyes un paraguas o te mojarás con lo que venga de arriba. La fuerza de la gravedad no perdona nunca…

– Pero entonces… ¿qué podemos hacer? – preguntó una madre alarmada.

– Desgraciadamente no podemos modificar el avance del péndulo, pero sí podemos jugar con sus consecuencias. Mi experiencia como profesor me dice que en una clase de 25 niños hay aproximadamente un 20% de familias complicadas (en rojo) y un 20% de familias estupendas (en verde).

familias de mierda

Actualmente la autoridad está en las familias (los políticos necesitan sus votos…), lo que significa que si un padre se queja de cualquier cosa en la dirección del centro o en la inspección educativa, éstos le darán la razón y someterán al profesor a una presión negativa (véase la figura de la regadera). Sin embargo, los padres que están muy agradecidos con la labor del profesor/a (en verde), también están perjudicando a sus hijos, ya que no están compensando la presión negativa de los primeros. Para conseguirlo, deberían quejarse (en positivo) en la dirección del centro o en la inspección educativa, deberían mostrar su enfado cada vez que constaten que no se está permitiendo trabajar con libertad a un profesor. Sé que va en contra del sentido común, pero es lo único que se puede hacer a día de hoy para compensar la falta de lógica de las otras familias. De esta manera conseguirían reducir la presión negativa que unos pocos generan sobre el conjunto de la clase (25).

Evidentemente, es una solución temporal. El péndulo seguirá subiendo hasta llegar a un punto de no retorno, a partir del cual sólo les quedará la opción de convertirse en sus profesores particulares. Y en último caso, si se lo pueden permitir, irse de España. ¿O acaso no lo harían si volviera la dictadura?

He peleado con todas mis fuerzas contra las injusticias de este sistema y seguramente podría haber hecho mucho más, pero sé que al menos nunca podré echarme en cara no haberlo intentado. ”Me quedo con lo que cuenta, el cariño de los niños, que desde luego es sincero y enorme” (Teresa, gracias por estas palabras).

foto ex alumnos 3

Esta foto es de hace unos días. Mis antiguos alumnos se organizaron a través de las redes sociales para hacerme una visita. Por desgracia tuvimos que vernos en la calle porque no les dejaron entrar en el colegio. Me enteré de que estaban allí de casualidad, gracias a Paola, una MADRE con mayúsculas. De no haber sido por ella me habría ido del colegio sin verlos y ellos sin verme a mí… Es curioso, hasta junio la dirección del centro habría besado la tierra por la que pisan, y ahora que no pertenecen al colegio (ya están en el instituto) ni siquiera les permite entrar para visitar a su antiguo profesor. Contradicciones del absurdo sistema educativo por el que la educación pública navega.

Pero lo importante es que me encantó su visita. Esa misma tarde les dediqué a cada uno un verso del poema ‘Te deseo’ de Victor Hugo:

”Te deseo primero que ames, y que, amando, también seas amada.” @PaolaCoslada01

”Que de no ser así, seas breve en olvidar, y que olvidando no guardes rencores.” @albercoslada

”Te deseo también que tengas amigos, que aún siendo malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles.” @applejorge23

”Y que por lo menos en uno de ellos puedas confiar sin dudar @SaborALocura. Y porque la vida es así, deseo también que tengas enemigos.”

”Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que algunas veces te cuestiones tus propias certezas.” @anita14923

”Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado segura.” @CeliaHerradon01

”Te deseo, además, que seas útil, pero no insustituible.” @ambrosjavier (secretario del colegio)

”Y que en los malos momentos, cuando no quede nada más, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.” @PGH2823

”También te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil.” @cristi10vega

”Con los que se equivocan mucho e irremediablemente y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.” @NoTe_Preocupes

”Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa, que siendo maduro no insistas en rejuvenecer.” @MVillegas85

”Y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan.” @JoseJav15446212

”Te deseo, de paso, que seas triste, no todo el año, sino apenas un día; pero que en ese día descubras que la risa es buena.” @cembellinmari (directora del colegio)

”Que la risa habitual es insípida y la risa constante malsana.” @ElAmorEsAmistad

”Te deseo que descubras, lo antes posible, que existen a tu lado seres oprimidos, personas tratadas injustamente.” @albercoslada

”Te deseo que acaricies un gato y alimentes un pájaro.” @TipicosDeIria

”Que oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque así conseguirás sentirte bien por nada.” @marita192001

”Deseo que plantes una semilla y que la acompañes en su crecimiento para que descubras de cuántas vidas está hecha un árbol.” @ratitaalegre

”Te deseo además que tengas dinero, porque hay que ser práctico.” @mapatricia2001

”Y que por lo menos una vez al año pongas algo de ese dinero frente a ti y digas: Esto es mío.” @NataliaYElena

”Sólo para que quede bien claro quién es el dueño de quién.” @sefora156

”Te deseo también que ninguno de tus seres queridos muera, por él y por ti.” @anita14923

”Pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.” @AprendoFallando

”Te deseo, por último, que siendo hombre tengas una buena mujer.” @SaborAVapor

”Y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente.” @NoTe_Rindas

”Y que cuando estéis exhaustos y sonrientes,” @elandarinfeliz

”aún haya amor para recomenzar.” @sara_saruxii

”Si todo esto se cumple, no tengo nada más que desearte.” @cano791015

Ahora sólo me queda soñar que alguno de mis alumnos me recuerde como el profesor que se emocionó al ver cómo aprendía, aquel que vivió el momento mágico en que sus pupilas se agrandaron al enriquecerse con lo que le estaba contando. O mejor aún, soñar con tener una discusión de igual a igual con alguno de ellos en el futuro, o constatar que un alumno/a me deja atrás gracias justamente a lo que aprendió conmigo. Eso sería lo mismo que recibir un Premio Nobel como profesor.

Por desgracia, muchos profesores y bastantes alumnos aún no han tenido la fortuna de vivir algo así. Y la vida diaria no está demasiado poblada de este tipo de sensaciones. Yo sí viví algo parecido como estudiante. Fue gracias a Agustín Montero, mi profesor de Lengua y Literatura en el instituto. Me aburría mucho en sus clases, lo confieso, pero nunca podré olvidar su profunda dedicación. Era una persona buena, culta, humilde y trabajadora. De hecho, es el único fraile ‘de verdad’ que he conocido.

Agustín

Agustín Montero García

Siempre tenía la mesa a rebosar de libros para poder demostrar que todo lo que decía ya había sido escrito por alguien antes. Le apasionaba la lectura y nos lo confesaba con rubor, decía que ése era su vicio. Se emocionaba casi con cualquier cosa, porque tenía la magnífica habilidad de descifrar la belleza en casi todo. Todavía recuerdo con nitidez la visita que le hice justo antes de comenzar mis aventuras náuticas. Convencí a mi madre y nos fuimos a Burgos a verle. Nos enseñó el colegio y su pequeña habitación. Me llamó mucho la atención que apenas tenía ropa en el armario, prácticamente todo el espacio estaba ocupado por libros de todas las formas y tamaños. Su bondad era real. Y digo ‘era’ porque ya no está.

Cuando le conté mis planes náuticos me miró muy seriamente y me dijo:

Estoy seguro de que te irá muy bien porque eres una persona seria.

No supe cómo reaccionar. Reiteré que no sabía navegar y que me acompañaría un amigo de la infancia que tampoco sabía nada de barcos, pero volvió a repetir lo mismo. Nunca antes nadie me había dicho que era un tío serio. ¡No tenía ni idea! Pero por imposible que me pareciera en aquel momento, aquel santo tenía razón. ¡Ojalá pudiera decírselo ahora!

No sé si es buena idea, pero ya que durante mi época adolescente solía hacerme chuletas en casi todas las asignaturas, he decidido hacer una ahora en homenaje a Agustín. Es una recopilación con algunos comentarios de otros alumnos suyos:

”Gracias, has sido esa persona que veía a alguien tirando la toalla y le daba otra. Tú, fiel, sincero con toda la gente. Tú, el que nos enseñaste a entender que si dábamos y no recibíamos nada a cambio podríamos ser igualmente felices, incluso más…”.

Cuando hablabas de literatura te brillaban los ojos, se te encendía la cara, sonreías y tus palabras sonaban suaves y apasionadas. Durante este tiempo me has contagiado ese amor tuyo por los poetas. Aún recuerdo el día en que nos leíste la poesía de El ciprés de Silos de Gerardo Diego”.

”Nunca olvidaré tus libros de Unamuno, Delibes, Pérez Galdós y García Lorca. Nos decías dónde y cómo los habías comprado, que cualquier ‘buen libro’ se puede encontrar por un módico precio en cualquier feria del libro.

Gracias a ti he sabido querer a la literatura y algo más importante, saber querer a las personas, porque yo sé que eso lo sabías hacer muy bien.”

“La esperanza no es lo último que se pierde, sino lo que nunca se pierde”, como decías tú, Agustín.

”Espero que nos estés esperando en el cielo y que cuando un día todos volvamos a estar a tu lado nos sigas deleitando con tu cultura, tu armónica, tu laúd… y tus ganas de vivir.

”Agustín, si tuviera que definirte con una sola palabra sería: VIDA.

”Recuerdo cómo nos deleitabas con las maravillas de Kafka, los cuentos de Allan Poe o tu queridísima Violeta Parra y su “Gracias a la vida, que me ha dado tanto.”

 

“No te rindas por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, porque yo te quiero”. Mario Benedetti

AGUSTÍN1

¡¡¡GRACIAS AGUSTÍN, MUCHAS GRACIAS!!!

Aviso a navegantes, padres y madres

cómo anular a una persona

Una nueva visión de la vida

“Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo”. Oscar Wilde 

 

vivir

 

Peces (película documental)

Algo estamos haciendo muy mal…

mendicidad

”Donde hay justicia no hay pobreza” (Confucio s. IV a.C.)

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