La existencia de un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano

“Verdaderamente son pocos los que saben de la existencia de un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano, en algún lugar entre falange, falangina y falangeta. Ese otro órgano al que llamamos cerebro, ese con el que venimos al mundo, ese que transportamos dentro del cráneo y que nos transporta a nosotros para que lo transportemos a él, nunca ha conseguido producir algo que no sean intenciones vagas, generales, difusas y, sobre todo, poco variadas, acerca de lo que las manos y los dedos deberán hacer. Por ejemplo, si al cerebro de la cabeza se le ocurre la idea de una pintura o música, o escultura, o literatura, o muñeco de barro, lo que hace él es manifestar el deseo y después se queda a la espera, a ver lo que sucede. Sólo porque despacha una orden a las manos y a los dedos, cree, o finge creer, que eso era todo cuanto se necesitaba para que el trabajo, tras unas cuantas operaciones ejecutadas con las extremidades de los brazos, apareciese hecho. Nunca ha tenido la curiosidad de preguntar por qué razón el resultado final de esa manipulación, siempre compleja hasta en sus más simples expresiones, se asemeja tan poco a lo que había imaginado antes de dar instrucciones a las manos. Nótese que, cuando nacemos, los dedos todavía no tienen cerebros, se van formando de a poco con el paso del tiempo y el auxilio de lo que los ojos ven. El auxilio de los ojos es importante, tanto como el auxilio de lo que es visto por ellos. Por eso lo que los dedos siempre han hecho mejor es precisamente revelar lo oculto. Lo que en el cerebro pueda ser percibido como conocimiento infuso, mágico o sobrenatural, signifique lo que signifique sobrenatural, mágico e infuso, son los dedos y sus pequeños cerebros quienes lo enseñan. Para que el cerebro de la cabeza supiese lo que era la piedra, fue necesario que los dedos la tocaran, sintiesen su aspereza, el peso y la densidad, fue necesario que se hiriesen en ella. Sólo mucho tiempo después el cerebro comprendió que de aquel pedazo de roca se podría hacer una cosa a la que llamaría puñal y una cosa a la que llamaría ídolo. El cerebro de la cabeza anduvo toda la vida retrasado con relación a las manos, e incluso en estos tiempos, cuando parece que se ha adelantado, todavía son los dedos quienes tienen que explicar las investigaciones del tacto, el estremecimiento de la epidermis al tocar el barro, la dilaceración aguda del cincel, la mordedura del ácido en la chapa, la vibración sutil de una hoja de papel extendida, la orografía de las texturas, el entramado de la fibras, el abecedario en relieve del mundo. Y los colores. Manda la verdad que se diga que el cerebro es mucho menos entendido en colores de lo que cree. Es cierto que consigue ver más o menos claramente lo que los ojos le muestran, pero la mayoría de las veces sufre lo que podríamos designar como problemas de orientación cuando llega la hora de convertir en conocimiento lo que ha visto. Gracias a la inconsciente seguridad con que el transcurso de la vida le ha dotado, pronuncia sin dudar los nombres de los colores a los que llama elementales y complementarios, pero inmediatamente se pierde perplejo, dubitativo, cuando intenta formar palabras que pueden servir de rótulos o dísticos explicativos de algo que toca lo inefable, de algo que roza lo indecible, ese color todavía no nacido del todo que, con el asentimiento, la complicidad, y a veces la sorpresa de los propios ojos, las manos y los dedos van creando y que probablemente nunca llegará a recibir su justo nombre. O tal vez ya lo tenga, pero sólo las manos lo conocen, porque compusieron la tinta como si estuvieran descomponiendo las partes constituyentes de una nota de música, porque se ensuciaron en su color y guardaron la mancha en el interior profundo de la dermis, porque sólo con ese saber invisible de los dedos se podrá alguna vez pintar la infinita tela de los sueños. Fiado en lo que los ojos creen haber visto, el cerebro de la cabeza afirma que , según la luz y las sombras, el viento y la calma, la humedad y la secura, la playa es blanca, o amarilla, o dorada, o gris, o violácea, o cualquier cosa entre esto y aquello, pero después vienen los dedos y, con un movimiento de recogida, como si estuviesen segando la cosecha, levantan del suelo todos los colores que hay en el mundo. Lo que parecía único era plural, lo que es plural lo será aún más. No es menos verdad, con todo, que en la fulguración exaltada de un solo tono, o en su modulación musical, estén presentes y vivos todos los otros, tanto los de los colores que ya tienen nombre, como los que todavía lo esperan, de la misma manera que una extensión de apariencia lisa podrá estar cubriendo, al mismo tiempo que las manifiesta, las huellas de todo lo vivido y acontecido en la historia del mundo. Toda arqueología de materiales es una arqueología humana. Lo que este barro esconde y muestra es el tránsito del ser en el tiempo y su paso por los espacios, las señales de los dedos, los arañazos de las uñas, las cenizas y los tizones de las hogueras apagadas, los huesos propios y ajenos, los caminos que eternamente se bifurcan y se van distanciando y perdiendo unos de los otros. Este grano que aflora a la superficie es una memoria, esta depresión , la marca que quedó de un cuerpo tumbado. El cerebro preguntó y pidió, la mano respondió e hizo.”

Extraído de libro La Caverna, de José Saramago.

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Siempre soñando

¿Te has preguntado alguna vez cómo es que hay personas que una y otra vez logran concretar proyectos? En este mundo en el que la desconfianza impera, no es extraño vislumbrar sonrisas irónicas o escuchar comentarios sobre cómo unos u otros logran sus objetivos, advirtiendo que casi solo es posible porque esconden maniobras poco éticas o contactos sospechosos.

Sin embargo, creo que la fórmula es más simple: trabajo. Mirando hacia atrás, puedo hablar desde mi experiencia y señalar que así ha sido. Nacen conceptos que van evolucionando y convirtiéndose en realidades. Algunos de ellos tienen más tiempo de maduración. Incluso algunos permanecen años esperando su momento. A veces son motivos de presupuesto (la mayoría). Otras, asuntos de técnica (se aprende). Pero jamás siento que las dificultades que se presentan son lo suficientemente grandes como para impedirme llegar a la meta en algún momento.

Cuando a mí alrededor suceden cosas, observo cada uno de esos sueños cumplidos y los factores comunes son la perseverancia, la convicción y el trabajo. Todos tenemos esas características, ¿no? Algunos más, algunos menos, pero todos podemos hacerlas crecer. Por ello es que apelo al espíritu inquieto de quienes puedan leer esto: ¿qué proyecto tienes guardado por ahí?, ¿qué te impide cumplirlo?

CUANDO COMAS, SOLO COME

Pasos sencillos para comer bien

Prueba las siguientes estrategias para comer de forma consciente y ser capaz de identificar las señales de tu cuerpo para realmente disfrutar de la comida sin excederte:

– Quita el piloto automático de comer. ¿Qué comiste en el desayuno? Piénsalo honestamente. Muchas personas comen lo mismo día tras día. Fíjate si te ha atrapado cualquier tipo de rutina.

– Reconoce si tienes hambre antes de comenzar a comer. ¿Cuánta hambre tienes en una escala de uno a diez? Calibra tu hambre como si te midieras la temperatura. Cada vez que comas, pregúntate: ¿Tengo realmente hambre? Si no tienes hambre, no tendrás tanto interés en el hecho de comer, y así será más difícil mantener la atención al propio hecho de comer. Además, si las ganas de comer no tienen su origen en el hambre, nunca se obtendrá satisfacción.

– Come antes de que tener mucho hambre. Una de las claves para comer conscientemente es mantener tu cuerpo adecuadamente alimentado para evitar llegar a tener mucha hambre, lo cual aumenta la probabilidad de comer en exceso. A continuación, decide cómo quieres sentirte cuando termines de comer. Cuando se come con la intención de sentirse mejor al terminar de comer, es menos probable que sigas comiendo hasta que desaparezca toda la comida que está a tu alcance. Escoge comer hasta sentirte bien, no dejándote ni lleno ni con hambre.

– Elige alimentos que satisfagan tanto tu cuerpo como tu mente. Nuestra sociedad está tan obsesionada con comer bien que a veces comemos cosas que ni siquiera nos gustan. Sin embargo, la satisfacción viene no sólo de la plenitud, sino de disfrutar el sabor de la comida sin sentirse culpable por ello. La sensación de culpabilidad por comer ciertos alimentos realmente causa comer en exceso, no menos.

– Prepara la mesa de forma atractiva y decora tu plato. La creación de un ambiente agradable añade al disfrute de comer y al nivel de satisfacción. Además, ten por seguro que te lo mereces.

– Come prestando atención. Sí, si tienes mucho “en tu plato” puede ser difícil hacer que comer sea una prioridad en lugar de una opción o una tarea secundaria. Si estás pensando en otras cosas al comer no será fácil convertir el hecho de comer en tu prioridad. Cuando tengas el deseo de un aperitivo, para y toma un descanso para que puedas comer prestando el 100% de tu atención a la comida.

– Come sin distracciones. Trata de evitar la multitarea cuando comas. Si comes mientras estás distraído viendo la televisión, conduciendo, o hablando por teléfono, no vas a dar a la comida y a las señales de tu cuerpo toda tu atención. Y en consecuencia, podrás sentir que te has llenado pero no satisfacción.

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Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?

El discurso de Bryan Dyson al dejar el cargo de Presidente de Coca Cola:

“Imagina la vida como un juego en el que estás haciendo malabarismo con cinco pelotas en el aire. Tu Trabajo, Tu Familia, Tu Salud, Tus Amigos, y Tu Vida Espiritual.

Pronto te darás cuenta de que el Trabajo es como una pelota de goma. Si la dejas caer, rebotará y regresará. Pero, en cambio, las otras cuatro pelotas: Familia, Salud, Amigos y Espíritu son frágiles, como de cristal. Si dejas caer una de estas, irrevocablemente saldrá astillada, marcada, mellada, dañada e incluso rota. Nunca volverá a ser lo mismo.

Debes entender esto: apreciar y esforzarte por conseguir y cuidar lo más valioso. Trabaja eficientemente durante las horas de trabajo, y sal a tiempo. Entonces, dale el tiempo requerido a tu familia y a tus amigos. Haz ejercicio, come y descansa adecuadamente. Y sobre todo…crece en vida interior, en lo espiritual, que es lo más trascendental, porque es eterno. Shakespeare decía: Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?. Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, ¡por eso, ámala !.

Vive intensamente y recuerda: Antes de hablar…¡Escucha ! Antes de escribir… ¡Piensa ! Antes de criticar…¡Examina ! Antes de herir…¡Siente ! Antes de orar ¡Perdona ! Antes de gastar… ¡Gana ! Antes de rendirte ¡Intenta !

ANTES DE MORIR…¡¡ VIVE !!

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No hay nada que respete más que a las personas que plantan árboles sobre cuya sombra nunca se sentarán.

Me lo dijiste al oído después de acercarte con sigilo:

“No hay nada igual a un final, el lugar en el que regalas tu historia para que otro la continúe. Ahora no tienes ni idea de todo lo que harás y en lo que te convertirás. No te preocupes, no intentes controlarlo. Simplemente deja que fluya, ahí es cuando empieza lo divertido. Porque como una vez a mí también me contaron, no existe mejor regalo que el tiempo. Una conclusión feliz para un viaje con baches, ¿verdad? Porque ése es sin duda el objetivo, el viaje. No basta con quedarse quieto, tiene que haber progreso, movimiento hacia algún sitio. Hay algo increíble y terrible al mismo tiempo en la vida, y es que hay muchísimo potencial desaprovechado. A veces olvidamos que podríamos ser realmente felices… Y no perseguirlo, no arriesgarnos cuando está tan cerca que casi lo podemos tocar… Ve a por ello, la palabra coincidencia es solo una palabra cuando no somos capaces de descifrar nada más.”

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Y así terminó el susurro. Un montón de frases apretadas, que cuando se dicen con honestidad tienen más fuerza que el mar. Gracias, amiga. Muchas gracias.

Soy América Latina, un pueblo sin piernas pero que camina

En esta ocasión quiero compartir con el minimundo que me lee, que para mí es un gran mundo, un vídeo musical que no me llamó la atención la primera vez que lo vi pero que después de darle una segunda oportunidad consiguió calarme. Creo que transmite mucha pasión por la vida, como lo que se ve por las calles de lo que de momento conozco de Sudamérica, ”un pedazo de tierra que vale la pena”. Los colores son los de aquí, Susana Baca lo clava y la letra transmite un mensaje muy realista. No todo se compra en esta vida, los colores, el calor, la lluvia, las nubes, el viento, el sol, la alegría… no están a la venta. Además, un niño recién nacido me ha recordado al momento en que nació mi chilenito!! Un vídeo musical que simboliza también de alguna manera nuestra aventura; vamos caminando, sin piernas pero avanzando.

Pensaba que eran dos minutos, y sólo después de mirarlo me he dado cuenta de que casi son seis. Espero que lo disfrutéis tanto como yo 😉

 

El cordero de Dios

El verdadero espíritu navideño tiene forma de coincidencia, o al menos así lo ha sido en esta ocasión para mí. Eran aproximadamente las diez de la noche del veinticuatro de diciembre, noche de Nochebuena, cuando nos dirigíamos de vuelta a nuestra cabaña por un camino de ripio después de un largo día explorando el sur de Chile. Sin querer, pero de alguna forma también queriéndolo, nos dimos cuenta de que estábamos a más de once mil kilómetros de nuestras familias y nos pusimos un poco melancólicos. Fijábamos la mirada con dificultad en el horizonte que el oscuro camino nos devolvía para no vernos obligados a celebrar la Nochebuena en la cuneta, y justo cuando menos lo esperábamos surgió un cordero de la nada. Obligados, paramos para ver de qué se trataba y nos encontramos con su dueño, un mecánico muy especial y de nombre Alejandro. Su padre y su hermano también se llamaban así, y eso a pesar de que no es un nombre nada común en esta zona del mundo. Para los que no lo sepáis, mi hijo también se llama Alejandro… ¿Coincidencia? Podría serlo si además de eso el papá y el hermano, los dos presentes en aquel encuentro, no fueran además maestros de escuela como yo. La Navidad, sin ninguna duda, se estaba cuajando en aquel establo; un taller mecánico que durante unas horas se convirtió en el mejor lugar del mundo para nosotros.

Mucho antes de ver al niño ya nos habían invitado a que nos quedáramos a cenar con ellos y compartiéramos el cordero que nos había sorprendido en el camino. Como es lógico, no me lo podía creer. Aquello superaba cualquier predicción que mi loca imaginación pudiera fabricar. Pero lo mejor de todo es que era justo lo que necesitábamos en aquel momento. Habíamos viajado al sur para recuperar un poco de oxígeno durante la Navidad y retomar la vuelta con energía. De hecho, tan solo unos minutos antes nos habíamos acordado de que una Navidad sin familia no puede ser realmente una Navidad… Debe ser que ‘alguien’ escuchó nuestra conversación mientras procurábamos mantener el control del coche a pesar de las piedras. ‘Alguien’ puso aquel cordero en nuestro camino… ‘alguien’ más grande que yo me presentó a aquel pobre animal… Comimos, bebimos y fumamos hasta no poder más. Os aseguro que me sentí como en mi propia casa en aquel taller mecánico e intenté compartir con ellos lo mejor de mis relatos, agradeciéndoles mil y una veces la invitación. Hay cosas que, a pesar del anuncio, verdaderamente no tienen precio. Ellos nos contaron sus vidas, pero sobre todo nos volvieron a demostrar una vez más que no los que más tienen son los que más dan, que quejarse no vale de mucho, y que lo que realmente importa ni se vende ni se compra.

familia de Alejandro en Coñaripe

niño jugando con intestinos de cordero

vistas de coñaripe

 

¡¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!!

 

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