No hay nada que respete más que a las personas que plantan árboles sobre cuya sombra nunca se sentarán.

Me lo dijiste al oído después de acercarte con sigilo:

“No hay nada igual a un final, el lugar en el que regalas tu historia para que otro la continúe. Ahora no tienes ni idea de todo lo que harás y en lo que te convertirás. No te preocupes, no intentes controlarlo. Simplemente deja que fluya, ahí es cuando empieza lo divertido. Porque como una vez a mí también me contaron, no existe mejor regalo que el tiempo. Una conclusión feliz para un viaje con baches, ¿verdad? Porque ése es sin duda el objetivo, el viaje. No basta con quedarse quieto, tiene que haber progreso, movimiento hacia algún sitio. Hay algo increíble y terrible al mismo tiempo en la vida, y es que hay muchísimo potencial desaprovechado. A veces olvidamos que podríamos ser realmente felices… Y no perseguirlo, no arriesgarnos cuando está tan cerca que casi lo podemos tocar… Ve a por ello, la palabra coincidencia es solo una palabra cuando no somos capaces de descifrar nada más.”

planting-a-tree

Y así terminó el susurro. Un montón de frases apretadas, que cuando se dicen con honestidad tienen más fuerza que el mar. Gracias, amiga. Muchas gracias.

Soy América Latina, un pueblo sin piernas pero que camina

En esta ocasión quiero compartir con el minimundo que me lee, que para mí es un gran mundo, un vídeo musical que no me llamó la atención la primera vez que lo vi pero que después de darle una segunda oportunidad consiguió calarme. Creo que transmite mucha pasión por la vida, como lo que se ve por las calles de lo que de momento conozco de Sudamérica, ”un pedazo de tierra que vale la pena”. Los colores son los de aquí, Susana Baca lo clava y la letra transmite un mensaje muy realista. No todo se compra en esta vida, los colores, el calor, la lluvia, las nubes, el viento, el sol, la alegría… no están a la venta. Además, un niño recién nacido me ha recordado al momento en que nació mi chilenito!! Un vídeo musical que simboliza también de alguna manera nuestra aventura; vamos caminando, sin piernas pero avanzando.

Pensaba que eran dos minutos, y sólo después de mirarlo me he dado cuenta de que casi son seis. Espero que lo disfrutéis tanto como yo😉

 

El cordero de Dios

El verdadero espíritu navideño tiene forma de coincidencia, o al menos así lo ha sido en esta ocasión para mí. Eran aproximadamente las diez de la noche del veinticuatro de diciembre, noche de Nochebuena, cuando nos dirigíamos de vuelta a nuestra cabaña por un camino de ripio después de un largo día explorando el sur de Chile. Sin querer, pero de alguna forma también queriéndolo, nos dimos cuenta de que estábamos a más de once mil kilómetros de nuestras familias y nos pusimos un poco melancólicos. Fijábamos la mirada con dificultad en el horizonte que el oscuro camino nos devolvía para no vernos obligados a celebrar la Nochebuena en la cuneta, y justo cuando menos lo esperábamos surgió un cordero de la nada. Obligados, paramos para ver de qué se trataba y nos encontramos con su dueño, un mecánico muy especial y de nombre Alejandro. Su padre y su hermano también se llamaban así, y eso a pesar de que no es un nombre nada común en esta zona del mundo. Para los que no lo sepáis, mi hijo también se llama Alejandro… ¿Coincidencia? Podría serlo si además de eso el papá y el hermano, los dos presentes en aquel encuentro, no fueran además maestros de escuela como yo. La Navidad, sin ninguna duda, se estaba cuajando en aquel establo; un taller mecánico que durante unas horas se convirtió en el mejor lugar del mundo para nosotros.

Mucho antes de ver al niño ya nos habían invitado a que nos quedáramos a cenar con ellos y compartiéramos el cordero que nos había sorprendido en el camino. Como es lógico, no me lo podía creer. Aquello superaba cualquier predicción que mi loca imaginación pudiera fabricar. Pero lo mejor de todo es que era justo lo que necesitábamos en aquel momento. Habíamos viajado al sur para recuperar un poco de oxígeno durante la Navidad y retomar la vuelta con energía. De hecho, tan solo unos minutos antes nos habíamos acordado de que una Navidad sin familia no puede ser realmente una Navidad… Debe ser que ‘alguien’ escuchó nuestra conversación mientras procurábamos mantener el control del coche a pesar de las piedras. ‘Alguien’ puso aquel cordero en nuestro camino… ‘alguien’ más grande que yo me presentó a aquel pobre animal… Comimos, bebimos y fumamos hasta no poder más. Os aseguro que me sentí como en mi propia casa en aquel taller mecánico e intenté compartir con ellos lo mejor de mis relatos, agradeciéndoles mil y una veces la invitación. Hay cosas que, a pesar del anuncio, verdaderamente no tienen precio. Ellos nos contaron sus vidas, pero sobre todo nos volvieron a demostrar una vez más que no los que más tienen son los que más dan, que quejarse no vale de mucho, y que lo que realmente importa ni se vende ni se compra.

familia de Alejandro en Coñaripe

niño jugando con intestinos de cordero

vistas de coñaripe

 

¡¡GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!!

 

17 consejos de paternidad

Hace unos días nació mi hijo Alejandro. Han pasado muchas cosas desde entonces, pero hoy voy a centrarme sólo en una que me ha parecido lo suficientemente emotiva por sí sola como para dedicarle un post. Cuando llegué a casa después de pasar todo el día en el hospital, justo después de que naciera, me encontré en el suelo una carta con 17 consejos de paternidad. Aquí el correo no se mete por debajo de la puerta, así que la pisé por error . Solo fui capaz de verla después de encender la luz y dejar impresa la huella de mi zapato. La carta había sido escrita por Galvarino, uno de los porteros de nuestro edificio (en Chile  les gusta tener muchos conserjes). Tan solo llevamos cuatro meses aquí y no conocemos a mucha gente, por lo que un gesto tan generoso como este me ha impactado bastante más que si me hubiese ocurrido en España. Os copio a continuación sus consejos. Son muy graciosos.

carta con consejos de paternidad

1) Acostumbrarle a ruidos ambientales normales.

2) Que duerma tanto con la luz prendida o apagada (noche)

3) Abrigar en forma moderada.

4) Andar como de costumbre.

5) Hablar con sus tonos normales.

6) Que duerma con o sin música, televisión.

7) Fatal acostumbrar a tener en brazos.

8) Que nunca le falte tomar agua pura.

9) No permitir que lo besen en su boquita.

10) No permitir que fumen en su presencia.

11) El llanto es parte del desarrollo.

12) En su cuna, estar dándole vuelta.

13) Cuando empiece a caminar, no sacar para que aprenda lo que debe tomar o no tomar.

14) Cuando enseñe alguno de los dos, no interferir.

15) Enseñar que ustedes trabajan para la familia.

16) No acostumbrar a cosas de marcas.

17) Eduquen, para que quieran a su HIJITO.

Melómano

Y como podéis ver, he decidido empezar por el número seis😉

Agujero negro

Esta mañana escuché algo en la radio que me hizo pensar, estaban hablando de las galaxias. Decían que son una especie de ciudades donde cada habitante es una estrella. El Sol, por poner un ejemplo, es una estrella de tamaño medio, ni muy grande ni muy pequeña. Y la distancia entre cada uno de los habitantes, estrellas o soles, es del orden de varios años luz, siendo un año luz aproximadamente diez billones de kilómetros. Algunas galaxias son enanas, otras son gigantes y también hay galaxias normales. La Vía Láctea, por poner otro ejemplo conocido, es normal. Tiene cien mil millones de estrellas, o lo que es lo mismo, se trata de una ciudad habitada por cien mil millones de habitantes, todos ellos separados por esa enorme distancia entre ellos. Luego están las galaxias gigantes. Pero es que incluso las enanas son enormes, tienen unos cuantos miles de millones de estrellas.

No sé vosotros, pero después de escuchar esto yo no pude evitar quitarle un poco de importancia a todo lo que considero relevante. Todo lo que me parece grande, incluidos los problemas, se hicieron un poco más pequeños esta mañana. Y eso sin considerar el factor tiempo. Porque si al espacio le añades el tiempo, entonces la sensación ya es descomunal. Piénsalo, el tiempo y el espacio por los que transcurren una vida no son absolutamente nada si lo comparamos con las magnitudes del Universo. Y a la vez, sin ser nada es todo lo que conocemos.

Las galaxias, al igual que las vidas, también mueren. Las estrellas que forman estas ciudades convergen poco a poco en el centro, en una especie de remolino llamado ”agujero negro”. Se llama así porque no sabemos lo que pasa dentro. Como no emite luz, porque hasta la luz se queda atrapada ahí dentro, no sabemos lo que sucede. Solo sabemos lo que ocurre en los bordes, gracias a lo cual podemos intuir lo que pasa dentro aunque no lo hayamos visto nunca. Todas las galaxias tienen un agujero negro en el centro de un tamaño proporcional al de la galaxia en que se encuentra, lo que me hace pensar que algo similar debe suceder con las personas. Dependiendo de nuestro tamaño en vida, así será el de nuestra muerte.

Pero lo curioso es que hay una galaxia muy rara y enana, una que tiene muy pocas estrellas y que en el centro encierra un agujero negro enorme. Nadie se lo explica ya que contradice todas las reglas que rigen en el resto del Universo. Es como cuando mi abuela me decía de niño que no me preocupase por ser bajito, que todos los jefes lo eran. Nadie puede entenderlo, yo tampoco lo entendía entonces. Pero hay una cosa que sí me queda clara, y es que independientemente de nuestro tamaño, por muy altos, poderosos o ricos que seamos, siempre seremos extremadamente pequeños al compararnos con el Universo.

agujero negro

Los hilos de mi marioneta

Usted podría haberme convertido en un gran hombre de negocios, en un escritor tocado por la mano de Dios o en un director de cine capaz de inspirar sueños en las personas. No se preocupe, todavía tiene tiempo. De momento estoy contento con lo que ha hecho y le estoy muy agradecido por ello. No ha sido fácil llegar hasta aquí, se lo confieso, de lo cual me alegro, ya que entiendo que debe ser complicado, si no imposible, lograr comprender el dolor ajeno sin haber sufrido antes, o poder alegrarse del éxito acaecido en otros sin haber brillado primeramente.

Por este motivo le necesito, mi querido pasado: maestro, condena y primeros pasos de mi futuro inmediato. Usted es, en definitiva, todas las personas, animales y cosas con las que he tenido la gracia o desgracia de interactuar. A algunas, incluso en un día tan bonito como éste, no repararía en borrar. Pero eso es imposible, de lo cual también me alegro, ya que gracias a su miseria heredada (pobrecitos míos), me ayudaron sin saberlo a ser mejor.

Aquel perro que me clavó sus cuatro colmillos en la nalga derecha mientras hacía ciclismo en ‘su’ montaña, me enseñó, sin tener conciencia de ello, a respetar la propiedad privada. El suelo resbaladizo que tuvo a mal, o a bien, según se mire, partirme un brazo, me enseñó sin saberlo a beber cerveza con moderación (y sobre piso secado). Y el jefe que me ignoró, por supuesto sin tener ninguna intención de hacer el bien, me hizo comprender que no hay mejor jefe que ser tú el jefe. Gracias a ellos y a muchos otros, aprendí a confiar que seré valiente cuando haga falta. Tener la convicción de que me levantaré de nuevo tras la próxima y estadísticamente inevitable caída, me proporciona la fuerza que en este momento guía mi mano para escribir. Porque sería un mezquino y un arrogante (gracias a todos los que me insultaron en el pasado), si me creyera que esto lo escribo yo. No señor, esto, sin duda alguna, lo hacéis vosotros, personas, animales y cosas de mi pasado.

Me paro a pensar un instante… ¡soy como los viejos, estoy dando las gracias a mi pasado! Nunca antes lo había hecho… pero, ¿por qué? Pues porque lo que decís, abusando de mi mano, lo hacéis en realidad para presentar a alguien con mucha historia. Una persona-persiana, capaz de enrollarse con cualquiera que tire de ella. Ya lo sé, la última frase suena mal, pero no os preocupéis, yo también tuve miedo al conocerla: era vieja y miraba muy adentro. Ahora, en cambio, puedo decir con orgullo que es mi amiga y uno de los motores que impulsan con más fuerza mi providencia.

Se llama María del Socorro, de lo cual se enteró al jubilarse, hasta entonces era María a secas. Bisabuela y niña de la Guerra Civil Española, pasó tanto hambre que llegó a soñar con hogazas de pan y a pensar durante mucho tiempo que nunca llegaría el día en que se hartaría de comer. A los veinte años perdió la mitad de una mano en un accidente ferroviario, hoy corta el jamón mejor que yo. De niña usaba piedras de carburo para iluminar el salón de su casa, hoy se ríe al escuchar que nosotros las usábamos para estallar tazas de váter en el colegio. Así es la vida, una rueda de hámster que gira y se repite sin descanso. Si tan sólo fuéramos capaces de preguntarle al hámster que nos precede…

– Disculpe, ¿podría explicarme cómo funciona esa cosa por la que usted corre sin descanso?

– Pues la verdad, no lo tengo muy claro, pero tengo la sensación de que se repite a cada rato – nos contestaría fatigado.

Pasado venidero, o séase, futuro deseado, póngame en contacto con más personas como María. Socorro pediré si no me lo concede, ¡la calidad de mis cimientos depende de ello! Es urgente, gracias a gente como ella sigo recordando:

”Tiene más sentido comprar un buen jersey, que una cena en un restaurante caro”.

María del Socorro

María (del Socorro, desde los 65)

No seáis tan torpes como yo.

Hace unos meses me encontraba imitando torpemente a Paco, un profesor de mi infancia. Quería convertirme en una persona especial para mis alumnos, intentaba ser ese profesor que nunca olvidas y del que algún día dices que fue el mejor de tu vida. Mi torpeza me llevó a intentar leer como él, e incluso a escoger el mismo libro que nos leyó a mí y a mis compañeros de clase cuando teníamos ocho años: ”Fray Perico y su borrico”.

Obviamente, y muy a mi pesar, mis alumnos no me siguieron con la misma atención. El libro estaba alejado del contexto actual y de su edad, cuatro años más que cuando yo lo escuché. A eso le añadí mi nula habilidad para cambiar el tono de voz con cada personaje e imitar los sonidos de los animales de la historia, el fracaso estaba garantizado… Me salió peor que cuando intenté ganar un pavo para Navidad contando un chiste en la televisión nacional peruana.

Hay pocos profesores tan peculiares como Paco. Él nunca se volvió loco con las programaciones, sino con los niños. Los exámenes tampoco le hacían perder el tiempo, sabía que es más importante ser feliz para aprender, que tener que aprender para ser feliz. Nunca olvidaré el día en que todos llevamos un animal a clase. En aquella ocasión se inventó que sería una buena excusa el día de San Antón, patrón de los animales, para poder hacer algo diferente sin generar sospechas. Qué curioso, una lección que veintiocho años después sigo recordando, algo por lo que deberían haberle pagado un bonus, tuvo que hacerse buscando una justificación en el santoral para evitar ser tachado de extravagante.

Fue genial, como en mi casa no teníamos animales de compañía, yo llevé un cangrejo que mi madre compró en la pescadería. Cada niño llevó un animal a clase, ¡¡y eso con cuarenta niños en el aula!! Las familias se involucraron y buscaron animales de todo tipo. Había perros, gatos, peces, hámsters, periquitos, conejos, gallinas, perdices… fue una locura que recordaré toda mi vida y de la que aprendí muchísimas cosas. No me aficioné a la lectura ni a los animales gracias a aquello, pero sí me transmitió la pasión con que él vivía lo que hacía.

¿Y qué hay más importante que vivir con pasión, qué más importante que llorar de emoción con aquello que te hace feliz, qué más importante que entregarse a los demás sin esperar nada a cambio, qué más importante que amar a los más débiles, qué más importante que ser capaz de divertirse con el ignorante, que más importante que aprender que ser diferente no implica necesariamente ser raro, o qué mas importante que aprender que con un poco de picardía se pueden saltar muchas zancadillas?

Recuerdo cómo le pedíamos a gritos que nos leyera otro poco más. Yo quería ganar el pavo de Navidad y que mis alumnos disfrutasen tanto como lo hice yo cuando Paco nos leía, pero en ambos casos faltó algo esencial que recientemente he descubierto gracias a un compañero de colegio de la infancia. El hermano de Paco, después de que éste falleciera, encontró en su casa unos apuntes escritos a mano con los trucos que le hicieron ser un auténtico maestro de la lectura. Son una serie de reflexiones sobre cómo enseñar a leer (pinchar aquí para verlo). Así de sencillo, no hace falta más que pararse a pensar y disfrutar con lo que haces. Porque es mucho más importante querer que valer, tener una buena disposición que el mayor de los talentos. Porque es mucho más valiosa una persona que se para a pensar cómo hacer bien las cosas que el que simplemente intenta hacerlas bien. Porque la introversión está ligada a la genialidad.

Ojalá hubiera tenido muchos más profesores como él, pero sobre todo, ojalá de una vez por todas empiece a premiarse al profesor-científico, al que experimenta con los niños en vez de copiar lo que hicieron con él de pequeño. Nadie sabe cómo será el futuro, así que la mejor forma de preparar a alguien para lo desconocido es haciendo pruebas razonadas. Que profesores como Paco sirvan de ejemplo para hacer que perdamos el miedo a lo desconocido y nos atrevamos a mirar para adelante en vez de dar la vuelta constantemente hacia el pasado. Que profesores como Paco nos enseñen a ser lo suficientemente inteligentes como para engañar a los que no se atreven a explorar. Y que la vida de Paco sirva para que nos tomemos las cosas con un poco más de sentido del humor y no olvidemos que lo más importante de todo es QUERERNOS!! Yo tardé muchos años en darme cuenta de lo bueno que él era, no seáis tan torpes como yo.

Gracias, Paco!!!

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